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domingo, 21 de noviembre de 2010

EL UNIVERSO EXTREMO Y DELIRANTE DE WILLIAM BURROUGHS por ANXO CUBA


INTRODUCCIÓN

William S. BURROUGHS es una de las figuras más transgresoras e inclasificables de la literatura universal, hasta el punto de resultar dudosa su condición de narrador, en el sentido estricto del término (contador de historias). No cabe duda de que se trata de un escritor, puesto que su medio de expresión es el lenguaje escrito plasmado sobre papel, pero ahí acaban las certezas.

El lenguaje que utiliza está tan alejado de la norma académica como de las distintas jergas y dialectos marginales norteamericanos. Con frecuencia sazona su prosa con términos de invención propia, construcciones gramaticales imposibles o palabras desprovistas de significado pero cargadas de sonoridad. Por todo ello, puede considerarse la mayor parte de su obra como poesía en prosa, ya que su intención no está tanto en la narración como en la evocación de determinadas atmósferas y ambientes, así como estados psicológicos extremos (casi nunca sentimientos). Para este fin utiliza el lenguaje, destruyéndolo y recomponiéndolo a su gusto, siempre consciente de que se trata de un código rígido y obtuso que debe ser dinamitado y reprogramado, intentando utilizarlo como fin más que como medio de expresión, ya que esto último supondría dejarlo en el lugar que siempre ha ocupado y que le ha servido para llegar a un estado de momificación absoluta.

En este sentido, BURROUGHS, como Joyce , decide replantearse la base misma de la creación literaria, que no es otra que el propio código de comunicación. Es consciente de que un nuevo código transmite siempre nuevas ideas, y lo que es más importante: nuevas sensaciones. Para él, escribir es un acto físico de coordinación motora. Su meta es escribir más rápido de lo que se piensa, tal y como lo pretendieron los surrealistas por medio de la escritura automática. Este fin, aunque imposible, se vuelve deseable y útil como método de creación, o incluso de meditación. De la misma forma que la repetición de los “mantras” en el budismo zen es una forma de desproveer al lenguaje de su significado y limpiar la mente de todo pensamiento, ayudada por el ritmo respiratorio que dichos “mantras” imprimen al cuerpo; la escritura automática es una forma de liberarse de esa corriente de parloteo interno, encerrando los pensamientos en una hoja de papel en blanco y dejándolos fluír sin reflexionar sobre ellos. Es el monólogo interior de John Dos Passos llevado a su última consecuencia.

Esta forma de trabajo fue una de las principales aportaciones que BURROUGHS transmitió a los escritores de la generación BEAT , de la que fue maestro y antecesor directo. No resulta casual que muchos de sus integrantes mostraran interés por la meditación y las tradiciones místicas orientales (zen, taoísmo, vedanta, sufismo...)y desarrollaran un estilo hipnótico y sincopado muy influenciado por estas filosofías, así como por movimientos musicales como el jazz y el be-bop. Tanto Allen Ginsberg como Gregory Corso y, sobretodo Jack Kerouac , reflejan en sus páginas esta clase de flujo obsesivo y automático de palabras, que guarda mucha relación con el beat (golpe) que les sirvió de seña de identidad generacional. Golpes a las teclas de la máquina de escribir, golpes a la batería de jazz que confieren un ritmo diabólico y espiral a las improvisaciones, golpes de las máquinas que trabajan en lugar del hombre a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial y sobretodo, golpes que les da la vida y la sociedad a todos aquellos que pretenden guiarse por su conciencia individual más que por la luz que irradia la locomotora del stablishment.

Como hemos dicho, BURROUGHS será una influencia decisiva sobre la generación beat, hasta el punto de ser considerado en ocasiones como parte integrante de la misma (algo no del todo cierto). El peculiar tratamiento que BURROUGHS hace del lenguaje lo llevará a la invención del método CUT-UP (cortar y pegar) aplicado a la narrativa, consistente en recortar un texto en múltiples fragmentos, agitarlos hasta mezclarlos aleatoriamente y, finalmente recombinarlos tal y como vayan surgiendo de los inexorables designios del azar. Dicho método ha dado lugar a novelas enteras de William Burroughs, quien lo ha llegado a utilizar durante entrevistas periodísticas por medio de la combinación de tres o más cintas magnetofónicas grabadas con distintos discursos mezlados de forma inconexa.

Este tipo de investigaciones y experimentos formales han cobrado gran importancia en la evolución de la música electrónica y las artes audiovisuales desde los sesenta hasta nuestros días (desde Stockhausen hasta el sampler digital tan utilizado en la actualidad, pasando por los videojockeys), pero no han seguido utilizándose apenas en la literatura. Esto explica por qué Burroughs ha ejercido tanta influencia sobre músicos y cineastas, tal como lo atestiguan los diversos discos-homenaje publicados por el sello belga de electrónica experimental Sub Rosa, o las múltiples colaboraciones de Burroughs con músicos ( Kurt Cobain , Ministry , U2, Laurie Anderson ...) o cineastas como Gus Van Sant y David Cronemberg .

SUS COMIENZOS: EL ESCRITOR COMPULSIVO

William Seward Burroughs había nacido en el año 1914 en St. Louis (estado de Missouri) y desde muy joven se había ido formando gracias a su condición de rata de biblioteca y su esmerada educación burguesa (pertenece a una familia acomodada, su abuelo fue el fundador de una famosa marca de calculadoras, posteriormente absorbida por IBM). Estas circunstancias biográficas lo llevan a un rechazo tajante de las convenciones sociales y la moral imperante, que tan bien pudo conocer gracias a su entorno familiar conservador. Fue criado en el “american way of life” propio de la Norteamérica de entreguerras. Como suele suceder, las disidencias se gestan en el centro mismo del problema. En este sentido, BURROUGHS pertenece a una larga estirpe de burgueses automarginados y transgresores, donde se encuentran también el Marqués de Sade , Cocteau o Tomas De Quincey . Cuando uno no necesita preocuparse por subsistir puede dedicar su tiempo a replantearse conceptos morales.

Durante su juventud, estudia en distintas universidades, licenciándose en literatura inglesa en Harvard (donde conoce a T.S. Eliot ) en 1936 y cursando varios años de antropología, medicina, psicología... en diversos países (Alemania, Panamá, México...). Se casa con una judía alemana para librarla de los nazis y emprende un viaje por toda Europa. Trabaja de redactor de un periódico en St. Louis y a partir de 1938 se traslada a Chicago, donde ejercerá de exterminador de cucarachas y asistirá a un seminario de semántica impartido por Alfred Korzibsky . Se forma en profundidad en teoría psicoanalítica, parapsicología, telepatía... leyendo compulsivamente a autores contemporáneos como Wilhelm Reich , C.G. Jung , Spengler o L. Ron Hubbard y a clásicos como Zoroastro , Giordano Bruno , Paracelso ...

Junto a su interés por el mundo de la ciencia y el ocultismo, desarrolla una gran pasión por las armas, adquirida en la adolescencia durante su estancia en el Ranch School, un internado aristocrático situado en Los Álamos (Nuevo Méjico), donde poco tiempo después se realizarían las primeras pruebas atómicas y donde el joven BURROUGHS se iniciaría en las prácticas homosexuales, a la edad de 15 años.

Durante su estancia en Chicago desde 1938 hasta 1943 se introduce en el mundo del hampa y la delincuencia, condicionado por su incipiente adicción a la morfina. En 1943 se instala en Nueva York, conoce a Herbert Huncke , uno de los “héroes” suburbanos retratados por los escritores de la generación beat y heroinómano prototípico (así como genial escritor). También en esa época conoce a Allen Ginsberg y Jack Kerouac, quienes quedan fascinados por la amplia cultura y erudición de BURROUGHS, tomándolo como maestro y fuente de inspiración para sus respectivas obras literarias (en el caso concreto de Kerouac, en casi todas sus novelas aparece algún personaje basado en BURROUGHS, como el Bull Lee de “On the road”). El rol que desempeña BURROUGHS en ese momento fundacional de la “beat generation” será el de “hermano mayor” (aunque sea poco mayor que el resto), sobretodo gracias a haber vivido en diversos países y poseer una vasta cultura de los más variados temas. De este modo, BURROUGHS supera la sensación de aislamiento y malditismo que le había perseguido desde la infancia. Gracias a su influencia, Ginsberg y Kerouac leerán a autores como Hart Crane , William Butler Yeats , W.H. Auden , Blake , Kafka , Denton Welch ... y comenzarán a interesarse por la cultura oriental, por medio de obras clásicas como el Bhagavad- Gita , El Libro tibetano de los muertos , Upanisad o el Tao Te King .

A principios de los cincuenta, Kerouac le insta a retomar su afición infantil a escribir novelas. Incluso escribirán juntos una novela inédita titulada “Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques”, que trataba de las experiencias homosexuales de un amigo común fallecido prematuramente.

Hay que decir que BURROUGHS había escrito algunas novelas en su infancia, como “La autobiografía de un lobo”, con tan sólo ocho años o “Carl Cranbury en Egipto”. En ambas se vislumbra su afición a los países exóticos como medio de alejarse del aislamiento social al que su familia lo somete tras la caída de la bolsa en 1929, hecho que provocó la ruina económica de su padre y la consiguiente vergüenza y sensación de fracaso que lleva a su familia a trasladarse a una pequeña propiedad en las afueras de St. Louis. En 1929 publica en la revista del colegio una historia titulada “Magnetismo personal” en la que aborda precozmente varias de sus obsesiones posteriores: control mental, telepatía... En torno a los diez años escribe compulsivamente historias de piratas, vaqueros, gángsters... sazonadas con abundantes duelos de pistola (un motivo repetido en varias de sus novelas adultas). En estas primeras novelas se deja sentir la influencia de un libro titulado “No puedes ganar”, autobiografía de un ladrón llamado Jack Black publicada en 1924, obra que ejercerá un enorme poder de fascinación sobre el joven BURROUGHS y que lo acercará a un mundo marginal y furtivo que años después conocería de primera mano.

PRECEDIENDO AL “BEAT”: SU PRIMERA NOVELA

En el año 1945, a pesar de su homosexualidad, se casa con una mujer llamada Joan y compra una granja en Texas. Dos años después se traslada a Nueva Orleáns, donde comienza a tener problemas con la policía, ya que la situación legal es cada vez más difícil para los morfinómanos, por lo que huye a Méjico en 1949, donde asiste a un curso sobre historia azteca y escribe sus dos primeras novelas: “Yonqui” y “Marica”. La primera de ellas saldrá publicada en EEUU en 1953, gracias a las incansables gestiones y correcciones de Allen Ginsberg. No olvidemos que este fue un libro muy incómodo para el mundo editorial estadounidense de principios de los cincuenta, tanto por su temática como por su estilo. Por esta razón sale en un formato “pulp” y firmado con el pseudónimo William Lee , dentro de la editorial Ace Books de Carl Solomon , quien obliga a BURROUGHS a escribir una nota introductoria con tono moralista para cubrirse las espaldas ante la moral bienpensante de la época.

En su debut como escritor, BURROUGHS utiliza un estilo mucho más conciso y aséptico que en la mayor parte de sus obras posteriores. Otorga prioridad a la historia más que a la forma literaria, construyendo una narración desprovista de todo elemento accesorio, casi minimal. Este estilo, propio de las novelas “pulp”, busca impactar por medio de la inmediatez del lenguaje y la contundencia de lo que se cuenta. El lector asiste a una narración en primera persona, de aspecto improvisado, lo cual otorga un aura de autenticidad a la novela, que sirve como gancho para el lector (el morbo es un elemento central en la intencionalidad de las “pulp novels”, a menudo deudoras del periodismo sensacionalista). La novela se convierte rápidamente en un hito dentro del subgénero de la autobiografía toxicómana, destacando por su tono anti-poético y marginal, distanciándose del romanticismo de De Quincey y del lirismo de “Cain's book”, escrito por Trochi algunos años después. A diferencia de dichas obras, el relato de BURROUGHS sólo se centra en el proceso adictivo mismo, obviando cualquier narración adyacente con entidad propia y tono evocador.

Cuando se publica esta primera novela, la sociedad estadounidense vive un fervor prohibicionista en torno a diversas drogas, gracias en parte a la política impulsada por Henry Anslinger desde la DEA ("drug and food administration"). El estereotipo del adicto a narcóticos cambia al tiempo que lo hacen las leyes sobre la venta de drogas, pasando del modelo integrado social y económicamente propio del s.XIX y principios del XX (representado por Coleridge o De Quincey en la literatura) al marginal perseguido, residente de los barrios pobres de las grandes urbes. El recrudecimiento de las leyes contra la venta de drogas provocará la aparición de la figura del “camello” o traficante clandestino, que a menudo vende sustancias adulteradas.

Este momento de cambio en los hábitos y en la sociología de las drogas, se ve reflejado en la novela de BURROUGHS, quien empieza su adicción durante la 2ª Guerra Mundial a base de morfina y opiáceos de farmacia y progresivamente comienza a recurrir a heroína adulterada del mercado callejero, con un precio considerablemente mayor. La novela retrata la cotidianidad del adicto y la lucha constante contra las resistencias de los médicos y farmacéuticos a dispensar narcóticos (algo impensable tan sólo veinte años antes, cuando estos mismos profesionales eran el principal grupo social de adictos y/o difusores de la adicción yatrogénica). Diversos historiadores de las sustancias psicoactivas ( Antonio Escohotado , Richard Rudgley, Sadie Plant ...) han destacado la influencia determinante de esta novela de Burroughs en la aparición del concepto de yonqui como estereotipo sociológico, muy diferenciado del adicto a opiáceos de siglos anteriores (tanto del morfinómano sanitario como del fumador de opio), cuyo ocaso queda reflejado en la novela autobiográfica “Diary of a drug fiend” (1922) de Aleister Crowley .

Cuando en la década de los setenta los sueños de los “hijos de las flores” se desvanecieron, la figura del yonqui marginal comenzó a tomar impulso en forma de las llamadas “epidemias de heroína” (en España no llegará hasta principios de los ochenta) y se reflejó notoriamente en varios fenómenos de la cultura popular norteamericana. Desde las primeras canciones de la Velvet Underground ( Heroin a la cabeza) hasta el desencanto punk, pasando por la progresiva marginalización y despolitización del movimiento underground o los filmes de Warhol , Morrisey , Anger ... todos ellos influidos de forma directa y confesa por BURROUGHS, una de las pocas figuras que resultó inmune a la iconografía del “flower power” y al movimiento hippie.

Ya en esta primera novela, escrita en torno a 1950, deja claro su falta de confianza en las ideologías políticas y en los movimientos de masas, decantándose por la descripción de su universo personal más desgarrado y sincero y consolidándose como el gran “outsider” de la literatura norteamericana del siglo XX.

Poco después de terminar “Yonqui”, BURROUGHS escribe “Marica”, utilizando el mismo estilo simple y conciso. Esta será su novela más sentimental, ya que trata de sus diversas relaciones amorosas y sexuales durante su estancia en Méjico y Panamá. En ella queda claro que su matrimonio con Joan, a pesar de los hijos en común, es más una cuestión de amistad que de amor, ya que su condición de homosexual lo lleva a acumular jóvenes amantes masculinos, a menudo interesados por el dinero que esperan sacarle al “gringo”.

EL NACIMIENTO DEL MUTANTE Y SU ALMUERZO DESNUDO

En Méjico, cuando cree haber encontrado por fin su asentamiento ideal (le fascina la extrema libertad y el mundo onírico que se vive allí, amén de la facilidad con que puede comprar morfina) sucede un accidente que marcará su destino como escritor: su mujer muere tras recibir un disparo del propio Burroughs mientras realizaban prácticas de tiro a lo Guillermo Tell en estado ebrio. Este trágico suceso lo llevará a embarcarse en una expedición antropológica a Panamá, que después continuará en solitario por Colombia, Ecuador y Perú, en busca de la ayahuasca o yagé , un poderoso enteógeno vegetal utilizado por diversas tribus latinoamericanas (en especial por los jíbaros o shuar ). El interés de Burroughs en esta sustancia procede de las alusiones que muchos antropólogos habían hecho a sus supuestas propiedades telepáticas (de hecho, uno de sus principios activos fue bautizado como telepatina).

Durante estos viajes mantiene una relación epistolar con Allen Ginsberg. Las cartas de ambos se recopilarán y saldrán publicadas con el título de “Las cartas del yagé” en 1963. En ellas se observa la profunda depresión que atraviesa BURROUGHS tras el desgraciado accidente con su esposa.

Regresa a Nueva York en 1953 para asistir como padrino al nacimiento incipiente de la “Beat generation”. Conoce a Gregory Corso , John Clellon Holmes y el resto de escritores beat. En 1954 se marcha a vivir a Tánger a causa de sus problemas con la justicia estadounidense, allí residirá hasta 1958. Estos años serán los más duros y dramáticos de su vida, a causa de su adicción cada vez mayor a la heroína. Sus vecinos se refieren a él como “el hombre invisible” a causa de su aspecto extremadamente degradado. Durante este período no es capaz de escribir más que pequeños fragmentos inconexos , algunos de ellos incorporados después a su novela “El almuerzo desnudo”, que describe su vida en esta época. Tras numerosos intentos de desintoxicación, en 1956 se somete al revolucionario tratamiento de apomorfina del doctor John Dent (1888-1962) en una clínica de Londres, con resultados positivos que le permitirán retomar enérgicamente su labor literaria. De hecho, a principios de 1957 ya casi ha finalizado la novela, que será mecanografiada por Kerouac durante una visita que le hacen él y Ginsberg a Tánger. En 1958 se traslada a París, donde reside en el “hotel beat”, llamado así por albergar a gran cantidad de escritores y pintores de vanguardia a finales de los cincuenta, y comienza a experimentar con métodos como el “cut-up” (cortado), el “fold-in” (montaje) o el “splice-in” (inserción), aplicados a la literatura y surgidos de la influencia decisiva del pintor Brion Gysin .

“El almuerzo desnudo” es considerada por muchos como la obra maestra de BURROUGHS y como una novela paradigmática en la historia de la literatura norteamericana y mundial. Publicada tras muchos problemas legales en 1959, generó un auténtico escándalo en el mundo editorial estadounidense y tuvo que afrontar diversos procesos legales por obscenidad en Los Ángeles y Boston en 1965. La novela comienza con un prólogo-ensayo en el que BURROUGHS reflexiona sobre la adicción a los opiáceos como enfermedad metabólica, los distintos métodos de desintoxicación y las abismales diferencias que existen entre las diversas sustancias ilegales, cada una de ellas con unas características históricas y farmacológicas distintas, aunque metidas en el mismo saco de represión y ausencia de libertades por el gigante estadounidense, quien exportó su criterio moralizante y prohibicionista a países con larga tradición de consumo de sustancias ajenas al país del tío Sam, por medio de coacciones y presiones económicas casi siempre motivadas por oscuros intereses de estado.

Tras el prólogo, la novela profundiza en un universo onírico, obsesivo, donde la alucinación se entremezcla con la realidad (es probable que el frecuente consumo de mayún, una forma de hachís comestible, influyera notablemente en la construcción de la atmósfera del libro). Las calles de Tánger, Chicago o Nueva York se describen con intensidad psicoanalítica por medio de contundentes imágenes monstruosas asociadas casi siempre a los personajes “freaks” que pululan por ellas. La lucha entre el poder y los desarraigados se expresa de forma hiperbólica por medio de la sensación de constante paranoia que atraviesa la novela desde su contundente comienzo:

“Siento que la pasma se me echa encima, los siento tomar posiciones ahí fuera, organizar a sus soplones del demonio, canturreando en torno a la cuchara y el cuentagotas que tiré en la estación de Washington Square”.

El autor utiliza la escritura automática y el constante monólogo interior para lanzar imágenes vertiginosas sobre el papel, que impactan con la fuerza de sus connotaciones más que por su significado literal:

“Así que vuelvo al centro por la estación de Sheridan Square por si el secreta acecha en un armario de escobas.

Ya dije que no podía durar. Sabía que andaban por allí fuera en aquelarre, preparando su magia negra pasmosa, pinchando muñecos con mi cara en Leavenworth. ”A ese no sirve de nada clavarle agujas, Mike”.

La novela carece de planteamiento, nudo o desenlace y se desarrolla en espiral a través de un torrente de sensaciones que impactan directamente en el subconsciente del lector y se graban a fuego. El propio autor lo explica de la siguiente manera:

“No pretendo imponer relato, argumento, continuidad... En la medida en que consigo un registro DIRECTO de ciertas áreas del proceso psíquico, quizá desempeñe una función concreta... no pretendo entretener”

En cuanto a la ambientación, también carece de escenario fijo. En un párrafo te encuentras en Méjico y en otro en Nueva York, sin que medie transición alguna. Este recurso permite al autor abordar una gran cantidad de ambientes y sensaciones distintas, cuyo único elemento común es el origen, la procedencia (la propia vida de BURROUGHS).

De esta forma, la no-historia que cuenta la novela es la no-historia de la vida del autor en esos años, narrada con toda la intensidad de quién la ha sentido en carne propia y se niega a filtrarla a través de ningún género o convención literaria. Por ello, muchos párrafos de la novela son pequeños ensayos microscópicos en los que no se describe ni se narra sino que se teoriza. Ensayo y novela se juntan para dar lugar a poesía en prosa, donde el lenguaje se subvierte y escapa a las convenciones.

Leyendo “El almuerzo desnudo” se comprende la fascinación de BURROUGHS por el método “cut-up”, aunque no lo haya utilizado aun en esta novela. Resulta lógica su utilización por parte de un autor que siempre ha priorizado la sugestión por encima de la narración (lo único que rompe el “cut-up” es la narración, pero a menudo incrementa la sugestión).

En ocasiones se ha considerado “El almuerzo desnudo” como una novela excesivamente densa e incoherente y es cierto que para el lector que desconozca por completo la biografía del autor o que no se haya iniciado con obras más accesibles como Yonqui o Marica, puede resultar insufrible (por incomprensible). La historia que subyace tras el marasmo onírico de la novela es la misma (o muy similar) que la narrada de forma más clara en las dos novelas antes mencionadas. Son distintas caras de la misma moneda. Las tres novelas se corresponden con el período 1945-1953, los años de más intensa adicción de BURROUGHS. El almuerzo desnudo expresa las sensaciones intangibles que acompañaron a los hechos concretos narrados en las otras dos obras, por lo que lo más adecuado puede ser leerla en último lugar, cuando ya se poseen unas coordenadas espacio-temporales, dadas en las obras precedentes. De todas formas, es necesario que el lector se abandone a la sugestión y aborde la novela como si de poesía se tratase, sin pretender encontrar un hilo argumental (lo mismo que ocurre con las películas de David Lynch o Philippe Garrel ).

DE LOS SESENTA A LOS NOVENTA, O EL TRIUNFO DEL CUT-UP

Tras su novela-hito, el profesor chiflado de la literatura abraza definitivamente las nuevas concepciones formales que surgieron del magnetismo creativo de Brion Gysin y posteriormente fueron elaboradas y regurgitadas por el escritor de St. Louis, quien las bautizó con los nombres ya mencionados ( cut-up , fold-in , splice-in y algunos más).

En 1960 se traslada a Londres, aunque con esporádicas estancias en París y Tánger. Desde allí vive distanciado del enorme revuelo que su novela “El almuerzo desnudo” está provocando en EEUU. En Edimburgo asiste a una Conferencia Internacional de escritores, donde autores como Norman Mailer le expresan una enorme admiración por su novela.

En 1965 reside en el mítico Hotel Chelsea de Nueva York, con diversos músicos y artistas de la nueva generación hippie, conoce a Andy Warhol , Larry Ryvers, Basquiat y otros muchos representantes de la pintura y poesía de la década de los sesenta. Poco después regresa a Londres, donde residirá hasta 1974, fecha de su definitivo regreso a EEUU.

Desde la publicación de “El almuerzo desnudo”, BURROUGHS comienza un proceso rápido de radicalización estilística, más acorde con su filosofía vital que el estilo pulp de sus primeras novelas. Comienza a aplicar trucos y prestidigitaciones lingüísticas con el objetivo de romper aun más la forma de sus novelas (una de sus sentencias más famosas es la contundente: “language is a virus”). Paralelamente, se vislumbra en sus nuevas obras un leve rastro ideológico, antes completamente inexistente. Comienzan a aparecer continuas referencias al PODER y a la anulación del hombre a través del CONTROL . El universo INTERZONA ha resultado fatalmente profético, un mundo globalizado donde “hablar es mentir y vivir es colaborar”, un mundo acelerado donde no queda tiempo para vivir y mucho menos para pensar. El planeta Nova, presente de forma recurrente en su trilogía “La máquina blanda” (1961), ”El tiquet que explotó” (1962) y “Expreso Nova” (1964), es una inmensa metáfora de la paranoia cibernética (recordemos la pleitesía que rindieron a BURROUGHS los exponentes de la corriente cyberpunk , léase William Gibson , Bruce Stirling y Clive Barker ). Un universo que en ocasiones posee reminiscencias de “El Proceso” de Kafka , pero desde una perspectiva más extrema y tecnológica. En el universo NOVA, las fuerzas policiales acechan en cada esquina y el individuo no está permitido.

“Las armas más poderosas han sido siempre las nuevas formas de conciencia... la Inquisición y el poder de la Iglesia en la Edad Media no fueron derribadas por una acción revolucionaria directa. Su fuerza desapareció porque la conciencia humana se desarrolló más allá de ellos”.

Los habitantes grises de Nova parecen vivir en un universo pregrabado donde la única salida está en provocar un fallo del sistema. En una sociedad binaria, dominada por el conflicto de opuestos, la unidad es revolucionaria:

“Hay varias fórmulas básicas que han mantenido a este planeta en la ignorancia y la esclavitud. La primera es el concepto de nación o país. Se dibuja una línea alrededor de un territorio y se le llama país. Lo que significa que hay que poner policía, control de aduanas, fronteras, ejércitos, y también problemas con las otras tribus del otro lado de la línea”

El chico subliminal , uno de los fantasmales habitantes de Nova, se desplaza por un mundo corrupto donde las fuerzas del orden son los criminales más peligrosos. Esta atmósfera inquietante se adelanta en más de una década a la paranoia post-hippie de los “speed-freaks” y los “hell-angels”, la caída del sueño psicodélico de retorno a la naturaleza, representado gráficamente por el dibujante de cómics Robert Crumb , quien describe la década de los sesenta como una gigantesca ola que acaba estrellándose contra las rocas del PODER y deja a su paso un rastro de destrucción (“he visto las mejores mentes de mi generación destruídas por la locura”, el impactante aullido de Allen Ginsberg resultó premonitorio para lo que ocurriría en los setenta).

Uno de los méritos de William S. BURROUGHS ha sido su capacidad de sobrevolar todas las modas y tendencias sin influirse más que por su arrolladora personalidad. Un auténtico “lobo estepario” de la era cibernética que fue capaz de publicar decenas de libros en la década de los sesenta sin acercarse por un momento a las modas de la época. La obra de BURROUGHS sigue resultando igual de atípica y visionaria en el 2004 de lo que lo fue en 1959 (lo mismo que ocurre con personajes como Timoty Leary , John Lily o James Lovelock en ciencia y filosofía o John Cage , Nico o Laurie Anderson en música).

La trilogía NOVA, leída hoy en día resulta absolutamente esclarecedora: “las técnicas esenciales de NOVA son muy simples, consisten en crear y agrabar conflictos”.

Además de la referida trilogía, BURROUGHS aprovecha la década prodigiosa para publicar infinidad de artículos teóricos y relatos en las más variopintas publicaciones contraculturales, así como algún que otro montaje teatral o poemas sueltos, como su aportación a la compilación poética “Minutes to go”, junto a Gregory Corso y Sinclair Belles . Igualmente, ofrece numerosas conferencias donde aborda los más variados temas (política, drogas, literatura...)

A principios de los setenta vive una crisis creativa en Londres, ya que lleva décadas escribiendo y sus obras casi nunca han pasado del malditismo más absoluto. Escribe el guión cinematográfico “Las últimas palabras de Dulch Schulz” (1970), las novelas “Los muchachos salvajes” (1971) y “Puerto de los santos” (1973), así como las compilaciones de relatos “Exterminador” y “Metro blanco” (ambas en 1971), todas ellas absolutos fracasos comerciales, como el resto de sus obras hasta su muerte.

A mediados de los setenta y gracias, en parte a la ayuda de el bueno de Ginsberg, comienza a ofrecer seminarios en diversas universidades norteamericanas y europeas. Ya de vuelta en EEUU, publica de forma compulsiva infinidad de obras a finales de los setenta, entre ellas destacan “La tercera mente” (1978) junto a Brion Gysin o “Doctor Benway” (1979) una suerte de remix o variación de “El almuerzo desnudo”, protagonizada por uno de sus personajes más enigmáticos.

En los ochenta publica una genial trilogía del espacio: “Ciudades de la noche roja” (1981), “El lugar de los caminos muertos” (1984) y “Las tierras de occidente” (1987). En ellas se dan citas los géneros más marcianos, desde el western surreal-cibernético a la ciencia ficción más reflexiva y ensayística. En estas obras el prolífico escritor norteamericano retoma lo mejor de su estilo aplicándolo a un nuevo tipo de historias, lo que le valió para trascender la compulsión del cut-up y retornar a un estilo más simple:

“Creo que Finnegan`s Wake ejemplifica muy bien la trampa en que puede caer la literatura experimental cuando se convierte en puramente experimental. Yo he ido así de lejos en algunos experimentos concretos y luego he retrocedido; es decir, ahora vuelvo a escribir narrativa lineal puramente convencional, pero aplicando lo que he aprendido con el cut-up y con las otras técnicas a los problemas de la escritura convencional”

Esa capacidad de reinventarse dice mucho a favor de la literatura de BURROUGHS en los años ochenta, aunque lo que él denomina “escritura convencional” no lo sea en absoluto, ni en la forma ni en el fondo. De hecho, muchos de los hallazgos expresivos alcanzados por BURROUGHS hace décadas aún no han sido asimilados ni incorporados apenas a la literatura (a diferencia de lo que ocurre con la música o las artes visuales, que llevan algún tiempo transitando por la senda burroughsiana).

Desde finales de los ochenta hasta su muerte en 1997, Burroughs publicó una enorme cantidad de novelas pero, sobretodo dedicó sus esfuerzos a la pintura, la música y el cine, grabando infinidad de discos con gente como David Bowie , Frank Zappa , Tom Waits , New Order , The Jesús & Mary Chain , Henry Rollins , Blondie y un interminable etcétera. Sus cuadros han sido utilizados como portadas de discos de Sonic Youth y su presencia ha sido requerida hasta para el spot publicitario de una multinacional de zapatillas deportivas. Ha protagonizado diversos cortos y prestado sus guiones para otros tantos (muchos de ellos de la animación más innovadora que se ha hecho en los noventa), así como numerosas películas. En definitiva, al final de su vida, el escritor maldito se convirtió en una especie de icono mediático de referencia para los hijos del punk y la nueva escena electrónica experimental, convirtiéndose en uno de los personajes con más presencia en la red INTERNET (¿interzona?). Incluso diversas universidades y entidades lo condecoraron con dudosos galardones en un vano intento por domesticar y absorver su mensaje de transgresión. Afortunadamente, hoy en día, años después de su muerte, sigue ocupando el mismo lugar inclasificable que ocupó siempre, y el tiempo le seguirá dando la razón.


Publicado originalmente en FEEDBACK-ZINE

martes, 26 de octubre de 2010

RENÉ DAUMAL: LA EVIDENCIA ABSURDA por RAÚL HENAO


RENE DAUMAL: LA EVIDENCIA ABSURDA

Por Raúl Henao

René Daumal es el más secreto de los poetas franceses modernos menos por complacencia en la tiniebla que toda palabra interpone al develar la realidad, que por experiencia luciferina de la misma, ya que para él la palabra poética es ante todo camino de conocimiento, evidencia absurda, grito de guerra santa a la apariencia del mundo.

Pocos, muy pocos poetas de nuestro tiempo pueden hablarnos desde esa verticalidad que conjuga en la misma emoción central el vértigo de la altura y el abismo, devolviéndole a la poesía su carácter de aventura metafísica, de creación o génesis de un mundo que se resiste a ser moldeado sólo por el ensueño o la fantasía, porque en última instancia responde a los designios de una más alta magia o vigilia verbal.

Desde los tiempos que Daumal hace parte –junto con Rolland de Reneville, Roger Vailland y Roger Gilbert-Lecomte- del Grand Jeu (El Gran Juego) ese grupo de artistas al margen del surrealismo por su tendencia al misticismo y la metafísica oriental, que prefiere la experiencia poética a la literatura y hasta a la poesía misma, no diferenciado de ningún modo el arte de la vida…resulta claro que se trata de aquellos videntes y “horribles trabajadores” a los que Arthur Rimbaud señala la continuación de su obra en el punto en que la dejara por temor a la locura: “No hay dos maneras de ser vidente, sólo se ve por asfixia o congestión ( yoga,ahogamiento, narcosis)” dice oportunamente Gilbert-Lecomte. Y Pierre Minet –amigo del grupo- nos habla al respecto de la elección de cierta vía seca o húmeda que en el hermetismo alquímico conduce al conocimiento absoluto, buscado afanosamente por estos dos poetas, deplorando que Daumal –en contraposición a Gilbert-Lecomte- eligiera para arribar a dicha meta la vía seca, caracterizada por el ascetismo feroz que le impusiera “el mago Gurdjieff”(Aldous Huxley) y su extraña secta de danzarines del bosque de Fontainebleu, llevándolo a una muerte prematura, cuando apenas contaba 36 años, a principios de 1944.

En fin, a cada paso se habla del fracaso de los poetas en la búsqueda de lo absoluto y nada queremos aventurar al respecto porque aquí sólo importan las señas en la hoguera que nos hacen desde lejos los integrantes del Grand Jeu, así fueran dictadas por elefecto mortal del opio, el libertinaje o la insolación a la que lleva el “recuerdo de sí”, ese asalto y reconstrucción del “Yo trascendental acabado y extático” (Edmund Husserl) que fuera el núcleo principal de las enseñanzas de Gurdjieff.

Particularmente Daumal, admirable conocedor de las doctrinas hindúes, nos reitera –con el Budismo- lo ilusorio de la llamada personalidad humana. En realidad, no existe un YO separado del cuerpo, sino una multiplicidad de pensamientos, sensaciones, deseos y pasiones que se pretenden como tal y tras de los hay NADA: ese algo innominado que constituye paradójicamente nuestra única, trascendental identidad y a la que no se accede sino por vía de la conciencia de sí, de la más implacable y sangrienta batalla espiritual .Con Rimbaud, Daumal nos recuerda que “el combate espiritual es tan brutal como la batalla de los hombres” y a semejanza de él nos convoca no al sueño sino a la vigilia, alta vigilia que constituye la clave o llave del auténtico juego poético.

Es a este propósito que el poeta, artista subjetivo, poseso de la inspiración o la escritura automática a través del cual habla siempre el Otro, ese Sosías o Doble que suele vampirizar a la generalidad de los escritores…especie de enigma psicológico -al que alude, en extraña connivencia con nuestro poeta, Blaise Cendrars, el formidable novelista y aventurero franco-suizo, en un revelador pro-domo que escribiera para explicarnos y de pasada explicarse a sí mismo la gestación de su obra Moravagine-

Deberá cambiarse en artista objetivo, en un verdadero creador-conocedor-amante capaz de transformar el mundo, cambiar la vida, mediante el ejercicio de la palabra poética, que ya no estará al servicio de la ilusión de ser sino dela necesidad de ser. El poeta yano describirá el mundo sino quelo creará al nombrarlo, no será un cantor sino uncreador: “la creación de un poema es análoga a la creación de un mundo” nos dice Rolland de Reneville. Y Daumal agrega a esta frase encantatoria lo siguiente: “en el punto más alto, el hombre que escribe un poema (o lo que fuere) en toda libertad, en toda conciencia del por qué, del para quién, del cómo de su obra, realmente crea un mundo”

Tal es, en resumen, la “satánica ambición de lo absoluto” (Andre Rousseaux) en la que se embarcará René Daumal y de la cual su vibrante poema La Guerra Santa o su insólita novela inconclusa El Monte Análogo, son la alegoría, el cuento de hadas, el relato inacabado… A falta de tiempo para comunicarnos lo incomunicable, que quizás entrevió, siguiendo el camino a las cumbres del ser indicado por Gurdjieff, cuyas doctrinas se permite poner en entredicho Rolland de Reneville, al dictaminar de manera terminante que “los frutos de un conocimiento sin amor son los de un árbol cuya sombra es mortal”.

Nosotros, sin embargo, creemos que, como en el caso de Yeats, Pessoa, Nerval o César Dávila Andrade, siempre se sobrevalorará el influjo, el peso de la tradición esotérica o “filosofía perenne” -como la llama Aldous Huxley- en la vida y obra de un poeta. Independientemente de ella, el gran poeta obedece los dictados de su propio carácter o investidura que, finalmente, se constituye en destino y fatalidad. Así estamos seguros de que con Gurdjieff o sin él, Daumal habría llegado al umbral (y tal vez traspuesto) esa puerta de “un mundo único, de un único sol” a la que se refiere en su ensayo Poesía Negra, Poesía Blanca…habría llegado a hablarnos no de la montaña sino por la montaña que une el cielo y la tierra, en transparente paráfrasis de toda búsqueda espiritual.

Porque al fin de cuentas ni siquiera precisamos apartarnos del marco de la poesía misma para encontrar antecedentes de la aventura daumaliana , que pertenece igualmente a la tradición de los grandes románticos alemanes, para no ir muy lejos. Acaso el pensamiento tanto de Daumal como del singular personaje de su novela el Padre Sogol (¿George I.Gurdjieff?) “nuestro primogénito en lo que a la montaña se refiere” no se encuentra por anticipado y a grandes líneas en el magistral y nunca bien comprendido opúsculo de Heinrich von Kleist Sobre el Teatro de Marionetas, donde el trágico poeta alemán, con aire “un poco distraído”, nos abandona frente al supremo interrogante:

“¿Tendremos que volver a comer del árbol de la ciencia
Para caer de nuevo en el estado de la inocencia original?”

Los lectores de René Daumal no abrigamos la menor duda de que dicha incógnita pertenece al advenimiento del “último capítulo del mundo”.

viernes, 9 de abril de 2010

ALDEN VAN BUSKIRK por MOME

Van Buskirk: el más certero escupitajo


Dulce introducción a la nada


…palabras, sólo palabras. Palabras ardientes, recalcitrantes, palabras empedernidas e indiferentes. Palabras sofocadas de tanto correr en la huida del sentido, la huida eterna del acérrimo enemigo. Una habitación infesta, desangelada…quiero decir: la habitación modélica del adicto: sin objetos de valor, sin enchufes sanos, sin paz. El hombre de los huesos marcados en la piel detecta con el rabillo del ojo la llegada del frenesí. Sus ojos ya no sirven, ni sus manos, ni su pija, ni sus piernas. No sirven al menos para lo que él quiere, para lo que necesita. El estallido se produce: allí está la palabra rondándolo violentamente sobre su cabeza, como un murciélago espástico, enloquecidos ambos en el encierro de la habitación. El hombre sabe, ya sabe…observó demasiadas cosas como para no saber: la lucha es inútil. El hombre traga la palabra como si se tratara de cien litros de aceite capilar. Cree que va a morir, y de algún modo está en lo cierto; pero momentáneamente la tortura cesa y la palabra regurgita desde sus entrañas, surge desde sus labios y resuena aterradoramente en la habitación, se posa en el viento y asume la eternidad.



El hombre es Alden Van Buskirk


La palabra…bueno, la palabra la conocen todos pero nadie sabría decirla. Es la palabra sin palabra.


De Van Buskirk se sabe poco y nada. Murió en 1961, antes de cumplir sus 25 años, gustaba de Keats, de Burroughs, de Beethoven y de Charlie Parker. Consumía todo tipo de drogas y de alguna manera ofició de enfant terrible de la Generación Beat o así dicen sus escasos críticos.


Ah, por cierto, también sabemos que escribió un solo libro, póstumamente recopilado y titulado Lami. Y los que lo leímos, también sabemos que es un estiletazo en el corazón de la vida sosegada.


Van Buskirk trabaja con esa palabra, con la palabra-sin-palabra. Es esa la palabra que lo persigue y lo alucina, es esa misma palabra la que él mismo persigue en el último estertor del ánimo. Van Buskirk penetra a la palabra y es penetrado a su vez por ella. La palabra-sin-palabra. La nada. Eso es: la única, exigua y rejuntada obra de Van Buskirk es una dulce introducción a la nada. A la ausencia de la ausencia, al calamitoso sentido del sinsentido:


“Venga, ¿has bajado ya las chimeneas impasables?
¿Me has enviado más guías aún para orientarme por el horror?
¿Has meado rojo, llorando, porque le faltaron sables?
Las hormigas han tapado los desnudos a color de los carteles”


Van Buskirk desata las cuerdas de la nada, las extiende, las inocula en las palabras. ¿O será que las palabras ya tienen una parte de nada? ¿O será que las palabras están hechas de nada; atiborradas, exhaustas, hartas de nada? Van Buskirk no puede una obra, o quizás no quiere, lo mismo da. Van Buskirk narra desde el sótano del hombre y vaya si se le nota el moho. El moho, que es como una nada que mancha. El moho, que es casi como las palabras.




Eso que no cabe nunca en el cuerpo


Los poemas de Lami – que en verdad se distribuyen entre poemas, prosas poéticas, fragmentos de cartas y otras yerbas – reflejan (como la nada refleja en el espejo ese vapor que nos desvela en las malas noches) un estilo de vida beat ya rendido, desastrado, entregado al inexorable futuro de una nueva dimensión, se llame esta muerte, locura o misticismo. Van Buskirk está enmarcado en la Generación Beatnik porque Ginsberg le tenía algún cariño y porque su propio estilo se nutre de algunos motivos típicos de Burroughs pero en realidad no pertenece a ninguna “generación”; en todo caso pertenece de otra manera, pero en lo que respecta a su manera de escribir, a su universo literario, Van Buskirk se hunde en un vacío que sólo alcanzaría un Kerouac viviendo como Burroughs.



Quiero decir: la desesperación que puebla Lami es comparable a la del último Kerouac, al de Big Sur, pero Kerouac no estaba tan resignado como consternado, y esa pavura en Van Buskirk deviene otra cosa, precisamente porque Van Buskirk está resignado a su forma de vida, no siente culpa alguna por ella. Escribe en el poema Última voluntad y:


“Hasta la fecha me entregué a la vida y desperté
tiritando, como un cobarde.
Cada vez más rígido empero,
Víctima de un arrastre mayor cada vez, muero
De deseos de explotar y juro no volver a batirme en retirada.
Dios también ansía follarme,
Y será la muerte mi última amante.
A ella me entrego”


Van Buskirk quiere explotar, y su literatura – tan vacía de “literaturidad”, tan desinteresada de cualquier gesto voluntario – también. El poeta le canta (con voz agria y oxidada, con una voz que, se me ocurre, solo Leonard Cohen podría encarnar) a eso que no cabe en el cuerpo, eso que jamás se serena del todo, eso que satura a ciertos seres humanos hasta el terror. Van Burskik se agencia un lugar en el otro lado del pensamiento y desde allí escribe; el lado humillado del pensamiento, el cono fuliginoso desde el cual solamente se puede balbucear. Desde allí envía sus notas a un cuaderno traslúcido, como de agua. Desde allí escribe: “Toda humillación es espiritual, toda degradación religiosa”. Es el fondo del mar, el mismísimo fondo del mar en donde siquiera agua queda, un desierto de aire que no sirve: el adicto rindiéndose cuentas a sí mismo sin mirarse a los ojos. Sin contrición y sin esperanza, sin remordimiento y sin futuro.




Rapsodia de la vida sin hechos


El primer Wittgenstein – el del Tractatus – dice, en el comienzo de su trabajo, lo siguiente:



1. El mundo es todo lo que acaece.
1.1 El mundo es la totalidad de los hechos, no de las cosas.
1.11 El mundo esta determinado por los hechos y por ser todos los hechos.
1.12 Porque la totalidad de los hechos determina lo que acaece y también lo que no acaece.


Como puede notarse, Wittgenstein (que escribía estas notas en las trincheras de la Gran Guerra, literalmente) no estaba bromeando en sus aporreos con la tradición filosófica: el mundo ya no estaría definido a partir de ser un conjunto de cosas sino más bien de hechos, lo que llamamos mundo no sería otra cosa que la combinación de hechos atómicos (es decir, hechos simples, sin partes que a su vez sean hechos). Por mi parte, me atrevo a decir que Van Buskirk es el pensador más serio de los que ha intentado refutarlo. Escribe en El poema del primer día:


“No subsiste ni un solo hecho
ni siquiera la desintegración
que da origen del poema
antes de que el lápiz se ponga en movimiento”


Van Buskirk no parte del pensamiento: él habita en el fondo del mar, sus palabras no tienen referencia ni sentido (tal como exigen los filósofos analíticos), sus palabras constituyen en realidad una sola palabra, la palabra-sin-palabras. Por eso puede responder de una vez y para siempre, porque Wittgenstein tampoco había partido del Pensamiento (en tanto institución), tampoco había leído a los filósofos tradicionales. Sólo desde la ignorancia de las categorías tradicionales básicas con que el pensamiento occidental se puede pensar, o eso al menos parece el caso de estos dos hombres.


Y Van Buskirk responde: los hechos, lo que imaginamos como “hechos”, no subsisten, los hechos que presuntamente nos constituyen como seres humanos, se diluyen antes de ser. La palabra-sin-palabras para el hecho-sin-hechos. Porque, claro, son ciertas las armonías de Monk y los cogollos pringosos de marihuana; son ciertas las habitaciones vacías y las autopistas fulminantes. Pero son ciertas de otra certeza…su certeza, su efectividad, están en otro orden del mundo, en un pretérito siempre huyente y al alcance de la mano. Los hechos no subsisten en el sumidero del mundo; Van Buskirk lo dice: “Aquí en el pantano se pudre el neumático, el caucho se derrite, la luna parte los cajones de madera tragados por las aguas servidas, sus amantes parasitarios recorren las tablillas…Y mi tronco erguido, con el gargüero ceñido hasta la asfixia, todo rezo”


El mundo de cualquier adicto terminal, antes de perecer experimenta el despoblamiento paulatino de sí mismo. Los hechos mismos van desapareciendo como tales, tornándose otra cosa, hecha más de relámpago y sangre que de duración o discernimiento. El adicto extremo, el que ha entregado su cuerpo y su espíritu (los adictos tal vez sean los únicos que conocen de veras la existencia y densidad del espíritu humano cuando contemplan su ruina) a aquello que lo hace consistir en algo, recorre un camino de despoblamiento, de borrado de huellas. El adicto extremo vive en el mundo sin hechos; un mundo que, pese a Wittgenstein o a quien sea, puede ser el mundo.


Gilles Deleuze, en el Abecedario que construyó junto a Claire Parnet, se refiere a las adicciones en los siguientes términos: “Está muy bien beber, drogarse. Uno puede siempre hacer lo que quiera si ello no le impide trabajar, si es un excitante; además es normal ofrecer algo del propio cuerpo en sacrificio, todo un aspecto muy sacrificial. En las actitudes de beber, de drogarse, ¿por qué uno ofrece su cuerpo en sacrificio? Sin duda, porque hay algo demasiado fuerte, que uno no podría soportar sin el alcohol. El problema no es aguantar el alcohol, sino más bien que uno cree que necesita, que uno cree ver; lo que uno cree experimentar, cree pensar y que hace que uno experimente la necesidad, para poder soportarlo, para dominarlo, de una ayuda: alcohol, droga, etc.”. Algo demasiado fuerte; enseguida se plantea la objeción que exige la determinación de ese algo. Nuestro carácter científico civilizatorio así lo reclama: la resolución del misterio, su reducción a unidad, a rótulo, a sustancia. Quizás sea la hora de no pedir más rendiciones al respecto, de mantener a ese algo en la indefinición que lo define.


Van Buskirk, por su parte, no tiene dudas, no tiene tiempo para inventar dudas. Sabe qué es ese algo demasiado fuerte que no se soporta. Aunque, más que su qué, conoce su escalofriante cómo: “Al mundo que despierta le han dado cuerda al revés, cuerda negra”. El camino invertido, el lento desandarse de los adictos perdidos, el retorno hacia el vacío que ahora ya no está tan vacío, que no puede estarlo, que está poblado por los fantasmas de los hechos, los fantasmas de los fantasmas. Van Buskirk tuvo tiempo tan sólo para un último lapso de lucidez, un postrero escupitajo hacia el mundo referencial y aparente, con cáustico cariño:



“Anunciamos/anuncio palabras de fuego negro a
los oídos obstruidos por letras impresas en amianto, yo, yo,
mensaje intemporal para todos los colgados,
perdedores y tristes desenamorados de esta tierra.
A vosotros os dedico mi lamento, este lamento”


Publicado originalmente La periódica revisión dominical.

lunes, 8 de marzo de 2010

POEMAS de ROGER GILBERT-LECOMTE


LA BUENA VIDA

Yo nací como un viejo
Yo nací como un puerco
Yo nací como un dios
Yo nací como un muerto
Sin ser nada mejor

Yo gocé como un puerco
Yo gocé como un viejo
Yo gocé como un muerto
Yo gocé como un dios
No lo encontré mejor

Yo sufrí como un puerco
Yo sufrí como un viejo
Yo sufrí como un muerto
Yo sufrí como un dios
Sin sentirme mejor

Moriré como un viejo
Moriré como un puerco
Moriré como un dios
Moriré como un muerto
Y será lo mejor


EL GRANDE Y EL PEQUEÑO GUIÑOL

Estábamos en la hulla y tú hablabas de muerte
Los destinos pasaban rojos aullando
Los corderos del mar se suicidaban
Golpeando con el cráneo las rocas de la orilla

Estábamos en el mar y tú hablabas de brumas
A las burbujas del mar imbebible
Los peces del cielo pasaban a lo lejos
Estábamos presos por la arena y los pulpos

Estábamos en la negrura y tú hablabas de esperanza
La hora pasó ya no es hora
El cielo volcado como un tazón se vacía
En el hueco de la negrura

Estábamos en las piedras y tú hablabas aún
De la sangre que hace daño y de las lágrimas
Estábamos ya en las entrañas de la profundidad
Estábamos en las espadas

Estábamos en el fuego tú hablabas del suicidio
Universal


LA VIDA ENMASCARADA

Gran estatua de mujer de cera pálida y pesada
La estatua que da vueltas con lentitud siempre espantosa
Trompo girando en el aceite de dormir
Faro de ojos cerrados cuya faz de eclipses
Sólo proyecta los rayos paralíticos del espanto

Gran prisión de cera en forma de mujer
Que encierra murado en el hueco de su molde
Un cadáver viviente de mujer
Comiéndose por dentro su figura de estatua

En cada vuelta de lentitud espantosa
El cadáver viviente de mujer encerrada
Lanza un único grito inmenso y silencioso
Que hace temblar la cera imperceptiblemente

Para el espectador hechizado
En la primera vuelta se presenta la faz
Enmascarada por una nube roja y que se estira
Como el pulpo de la sangre en el fondo de los mares

En la segunda vuelta aparece la faz negra y cerrada
Cual máscara de hollín hecha de polvo y grasa

En la tercera vuelta con lentitud espantosa
La faz muestra sus dientes

El espectador se duerme
Se despierta encerrado entre muros
En el vientre viviente del cadáver moldeado de cera
En un mundo que gira con lentitud espantosa
Lleno de sierras y de ratas


DUELO DE AZUR

Cual corazón que gotea
Lentas lágrimas pálidas

Bajo esa máscara de perlas
Ahoga un gran grito rojo

Estrangula al aullante
Ciclón en remolinos de la sangre

El pájaro púrpura abatido
Del árbol de la vida

Los pulpos del vértigo
Con todos sus brazos lo estrechan

Una agonía presa
De besos de ventosas

Palpita y se estremece
Con apagadas plumas

En su última sacudida
Agita un ala rota

Denunciando la presencia
Inmóvil de las puertas


LA ETERNIDAD EN UN PARPADEO


Aquél que vea su doble de frente debe morir

Último término del drama para el vidente solitario
Espejo un ojo mira un ojo que lo mira
Ofrecido y no aceptado don puro y puro rechazo
De extranjera que ya no puede más que ya no puede más
Donante que ha bebido en las fuentes del insulto

Obsesión del reflejo helado sombra vacía
De ese doble que se revela más uno mismo que uno
Simulacro refutado de claridad mentirosa
perdida en olas de sombra en sombrías aguas de muerte

Milagro de la mirada que mira al ojo que flecha
Una mirada invertida vigilante asesina
Provocadora
Asesinato lo llaman suicidio en el juego de muerte

Inmortal que pasa a través del espejo
Pupila contraída por un acto destruir
Es la estrella-fantasma con alma de fuego negro
El punto cero en su propio interior vibrante

El ojo devorará al ojo en el punto cero de lo eterno





LA SANTA INFANCIA O LA SUPRESIÓN DEL NACIMIENTO


Hablaré de lo negro
Muñeca de porcelana
Enterrada en el humus de una selva olvidadiza y traidora
Donde danzan los esqueletos con sus vestidos de telaraña
De las hojas muertas reducidas a encaje

Hablaré de lo negro
Al soplo de las cavernas
Con una tierra de hongos fosforescentes

Hablaré de lo negro a los caracoles retraídos
Hablaré de lo negro
A la lluvia de hollín
Al redondel de agua de luna quieta en el fondo de los pozos
A los toneles que ruedan en el sótano a media noche
cuando gime la dama blanca

Hablaré de lo negro
A la otra faz de los espejos
Hablaré de lo negro
Del inmortal tormento
de la más antigua desesperación
frente al mundo ausente
Cuando todo sea blanco

entonces hablaré de ver
Cada vez que me adormezca
A esa mujer que se ha dormido
Llorando sobre la tierra
Admirable cabeza cabeza de muerta
velada de negra esperanza de niñez destrozada

Una mirada torva bate las alas
Cerca del lecho vacío y ensangrentado
Habrá que colgar a la parturienta
Por el antiguo crimen del Limbo

El que nació muerto y retornó a su lugar de origen
No creerá en el diá mentido por el sol
El aire negro no ensucia el umbral de sus narices
Sin que palpiten sus narices
Sin que su ojo se entreabra en el despertar atroz

Con la vida renegada antes de existir
En el lugar de nacer él retorna
Por el hilo que une al ombligo con el cenit
A las fuentes de cristal de las maravillas del vacío

TRES POEMAS por JULES SUPERVIELLE


UN POETA


Yo no voy siempre solo al fondo de mi mismo
Sino que a veces llevo a otros seres conmigo.
Los que hayan entrado en mis frías cavernas,
¿Están seguros de salir aunque sólo un momento?
Yo acumulo en mi noche, como un barco que se hunde,
Sin distingo, el pasaje y la tripulación,
Y dejo a los ojos sin luz, y en los camarotes
Hago amistad con quienes gustan de lo profundo.





LOS CABALLOS DEL TIEMPO


Cuando los caballos del tiempo se paran a mi puerta,

siempre dudo un poco si mirarlos beber,

porque es con mi sangre con la que apagan su sed.

Me lanzan a la cara un gesto agradecido

mientras sus largos sorbos me hacen débil

y me dejan tan cansado, tan solo y abatido

que una noche pasajera invade mis párpados

y me hace de repente reponer mis fuerzas

para que, cuando vuelva sediento el carruaje,

yo esté vivo todavía y les sacie la sed.





NO TOQUES EL HOMBRO DEL CABALLERO QUE PASA


No toques el hombro
del caballero que pasa
se daría vuelta
y sería la noche,
una noche sin estrellas,
sin curva y sin nubes.

¿Entonces qué sería de
todo eso que compone el cielo,
la luna y su pasaje
y el ruido del sol?

Tendrías que esperar
que un segundo caballero
tan poderoso como el otro
consintiera en pasar.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

ROMANTICISMO Y ALQUIMIA POR MARÍA ANDREA CASTELLINO


Breve aclaración y orientación de lectura:

La intención de estas líneas es conocer la influencia en el romanticismo, en este caso a través de Charles Baudelaire, del pensamiento alquímico y la escuela hermética. También relacionar con la obra de este poeta alguno de los principios del Kybalión, máxima expresión de esta filosofía.
Solo por una cuestión de organización decidí exponer en principio, como introducción, los antecedentes, contexto histórico y referentes más importantes de estas líneas de pensamiento. A continuación incluí una síntesis cronológica del poeta y finalmente, de manera arbitraria, y a riesgo de hacer una interpretación errónea, elegí parte de sus obras y procedí a relacionarlas con alguno de los principios herméticos.

Introducción

El pensamiento griego, la escuela Hermética, la alquimia


El pensamiento griego
Los primeros filósofos griegos llegaron a la conclusión de que la tierra estaba formada por unos cuantos elementos o sustancias básicas. Empédocles de Agriento, alrededor del 430 a. C. estableció que tales elementos eran cuatro: tierra, aire, agua y fuego. Un siglo más tarde, Aristóteles supuso que el cielo constituía un quinto elemento, el éter. Los griegos creían que las substancias de la tierra estaban formadas por las distintas combinaciones de estos elementos en distintas proporciones.
Siempre existió en los griegos un interés especial por la composición de la materia y sus características, si era continua o discontinua, es decir si podía ser dividida y subdividida en un polvo cada vez más fino, o si, al término de este proceso se llegaría a un punto en el que las partículas fuesen indivisibles. Leucipo de Mileto y su discípulo Demócrito de Abdera (aprox 450 a. C) insistían en que la segunda hipótesis era la verdadera. También pensaban que una substancia podía convertirse en otra al ordenar sus átomos (nombre que le dio Demócrito a estas partículas indivisibles) de diferente manera. Si tenemos en cuenta que es solo una sutil hipótesis, es sorprendente la exactitud de esta intuición. Pese a que la idea pueda ser hoy evidente, estaba muy lejos de serlo en la época en que Platón y Aristóteles la rechazaron.
Este particular planteo sobre la materia, su continuidad o discontinuidad, me pareció una buena introducción al pensamiento griego. El hecho de que existiese una preocupación por este tipo de cuestiones tiene que ver con alguno de los rasgos particulares de su manera de pensar. Los griegos no dudaban de que "... el universo no es caprichoso: obedece a la Ley y, por consiguiente, es susceptible de una explicación", esta ley es la que llamaban Anáke, la Necesidad, un orden de las cosas que ni siquiera los dioses pueden infringir. Muchas de las tragedias griegas están forjadas alrededor de la certeza de que esta ley reina en los asuntos humanos y no el azar, idea que el romanticismo retomara en la construcción de sus obras, como en William Blake, "El rugido de los leones, el aullido de los lobos, el furor del mar encrespado, son partes de la eternidad, excesivamente grandes para el ojo del hombre" este autor al igual que los griegos manifiesta que "...en la más compleja y aparente fortuita combinación de acontecimientos existe un designio, aunque no podamos llegar a comprenderlo".Otro aspecto permanente del pensamiento griego es que el universo, tanto el físico, como el moral, no debe ser solo racional, por consiguiente cognoscible, sino también simple, la multiplicidad aparente de las cosas es solo superficial.
Si bien es posible ampliar la descripción de los rasgos característicos de la forma de pensar de los griegos, me ajustaré a cómo se relaciona con la escuela hermética y con la alquimia. Para interiorizarnos sobre este aspecto voy a comenzar con un filósofo egipcio que Charles Baudelaire retoma en el primer poema titulado "Al lector" de su libro "Las flores del mal", su nombre es Hermes, la fecha de su nacimiento se ha perdido en el tiempo, pero se dice que fue contemporáneo de las más antiguas dinastías de Egipto y se estima que vivió en la segunda mitad del siglo II d. De C. y murió hacia el año 330. Después de su muerte los egipcios lo deidificaron e hicieron de él uno de sus dioses bajo el nombre de Thoth (dios inventor de la escritura y regente del tiempo). Luego los griegos lo adoptaron y posiblemente fueron los neoplatónicos los que lo llamaron Hermes Trismegistros o Tres veces Grande, porque era considerado como rey, legislador y sacerdote. A él se le atribuye la ciencia hermética compuesta en parte por los Libros Herméticos que constan de cuarenta y dos libros sagrados de sabiduría egipcia. Hay divergencia en el origen de los textos que componen el cuerpo hermético, por un lado se dice que más que un dios, estos escritos parecen referirse a un mítico rey egipcio del siglo XX antes de Jesucristo, inventor de todas las ciencias. Otras teorías atribuyen la paternidad de las obras a una secta gnóstica. Lo importante en todo caso es saber que únicamente se conservan fragmentos de esta literatura (Poimandres, La Llave, Asclepios, Tabla Esmeraldina), algunos en griego y otros en latín, hallados sobre paredes de templos o en viejos papiros que parecen haber sido transmitidos por un egipcio helenizado (s. II-III). Esta literatura que es la que da origen a la doctrina filosófica-religiosa conocida como hermetismo, ejerció gran influencia sobre la alquimia y magia medieval. Las traducciones al español que existentes del corpus hermético son: "Hermes Trimegisto", "Tres Tratados" y "Los Escritos Sagrados de Hermes".


La doctrina Hermética
La Hermética, que como decíamos es la ciencia adjudicada a Hermes, posee dos cuerpos:
El Hermetismo Filosófico: Más griego que egipcio, pero con propósito de unir la religión griega a la egipcia (las obras de Plutarco, Asclepíades, Jámbico, etc. están dentro de esta corriente), constituye una cosmogonía y escatología con numerosas doctrinas análogas a las del gnosticismo.
El Hermetismo Mágico-Astrológico: Basado en correspondencias entre fenómenos terrestres y celestiales, y entre las partes de la naturaleza y el cuerpo humano, así como en su esencia y elementos que lo integran. Es en esta corriente donde se pueden ubicar, entre otros textos del romanticismo, los de William Blake, Edgar A. Poe y Charles Baudelaire.
Dentro de lo que se denomina corpus herméticus no se dejarán de percibir las problemáticas que analizan y desarrollan el pensamiento griego hasta alcanzar la síntesis fantástica e inigualable de Platón. En realidad, Hermes propone los fundamentos del pensamiento occidental. Sus grandes y repetitivos temas son la afirmación de la Unidad del Todo; la presencia universal e inmanente de la Inteligencia y del Espíritu; la inteligibilidad de la realidad. El concepto de la creación como manifestación de lo inmanifestado. La materia como continente pasivo y la Luz inteligible, pleroma de arquetipos, como el agente activo de la manifestación. El concepto del Mundo como un Cosmos. La observación de la evolución de la naturaleza, siempre la misma, siempre renovada en el proceso continuo de la Vida, de muertes y nacimientos de individuos pero de permanencia en vigor arquetípico del género y la especie (una representación clara se ve en el texto de un autor romántico como Poe, "Coloquio de monos y unas"). El juego de la Libertad, la Necesidad-Destino y la realidad trina del Hombre: Mente-Razón-Sentido, Espíritu-Alma-Cuerpo. El concepto de Energía, del griego "energós", lo que actúa desde adentro y por sí mismo ( pivote fundamental en Blake). Y millares de otros temas nacidos de la observación y de la participación con la Inteligencia del Todo, están vivos y presentes desde Parménides hasta nosotros.Esta escuela habla el lenguaje del espíritu y de la inteligencia, más allá del Tiempo, en el instante Eterno e incomprensible del entender, del darse cuenta y del tomar conciencia.Los principios fundamentales de verdad del hermetismo son siete, descubiertos a través del Kybalion, y también son siete los estados de materia o mundos.
He aquí, los Siete estados de materia diferentes que tiene que ver con la evolución:

El mundo de Dios
El mundo de los Espíritus Virginales
El mundo Divino
El mundo del Espíritu de Vida
El mundo del Pensamiento
El mundo del Deseo
El mundo Físico

Y he aquí los siete principios fundamentales de verdad:
"Los principios de Verdad son
siete: el que comprende esto
perfectamente, posee la clave
mágica ante la cual todas las
puertas del Templo se abrirán
de par en par".

EL KYBALION
I. El principio del Mentalismo:
"El TODO es Mente; el universo es mental"
Para el Hermetismo Dios es incognoscible. De ahí que, con frecuencia, se le llame "La Ley" o "El Gran Desconocido". La literatura clásica de Hermes se llama Nous, que quiere decir mente. Así, el problema se resuelve igualando a Dios a la Mente Universal que, de acuerdo con el Primer Principio Hermético, es la fuente de todo. El Universo es mental, las emociones, sentimientos, pensamientos, pueden ser alterados en cualquier grado, luego todo cuanto nos rodea puede ser transmutado a la forma que más nos favorezca, hasta la menor de las partículas atómicas es susceptible a este cambio. Lo inferior siempre termina dominado por lo superior.
II. El Principio de Correspondencia:
"Como es arriba es abajo, como es abajo es arriba"
El principio de correspondencia es el gran principio hermético que relaciona al hombre con el Cosmos. Como es arriba es abajo, como es en el microcosmo es en el macrocosmo.El hombre se encuentra siempre en medio del Universo, pues el Universo se encuentra en todas partes. El hombre, en realidad, es una réplica de todo el universo; de universos en una pequeñísima escala, y por esta razón es capaz de alcanzar conscientemente todo el universo que se encuentra fuera de él. Porque tiene dentro de sí mismo un algo definido que guarda una relación especial con cada parte separada del universo exterior.

III. El principio de Vibración:
"Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra"
IV. El principio de Polaridad:
"Todo es doble; todo tiene dos polos; todo su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden reconciliarse".

V. El principio del Ritmo
"Todo fluye y refluye; todo tiene sus períodos de avance y retroceso; todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha, es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación".
VI: El principio de Causa y Efecto
"Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo con la Ley; la suerte no es más que el nombre que se le da a una ley no conocida; hay muchos planos de casualidad, pero nada escapa a la Ley".
VII. El Principio de Generación
"La generación existe por doquier; todo tiene sus principios masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos".

La alquimia
"Alquimista del dolor", dijo de sí mismo Charles Baudelaire. ¿A qué se le llama alquimia? ¿Qué principios y fundamentos encarnan en este arte en el que Baudelaire y muchos románticos se inspiraron para llevar adelante sus obras y que fue su forma de transitar la vida?.La alquimia tiene una estrecha relación con la doctrina hermética, ya que se cree que Hermes también fue el iniciador de este arte, aunque todavía existen dudas acerca de su verdadero origen, ya que en su desarrollo histórico, geográficamente, pueden encontrarse varios lugares de comienzo. Si vamos al caso existen la alquimia griega, árabe, hindú y china.. Por un lado se atribuye su creación al dios Hermes de Egipto y por otro (como en la leyenda transmitida por Zosimus de Panopolis, alquimista griego del siglo II de nuestra era, basada en el Libro de Enoch) a los ángeles caídos que revelaron al hombre los secretos de la magia, la astrología, la alquimia y el poder de las hierbas. Por una cuestión de espacio decidí detenerme menos en su desarrollo histórico, que implicaría un análisis de mayor profundidad, para dedicar más atención a lo que conllevan sus fundamentos.
Según la definición del Diccionario de Ciencias Ocultas, el término Alquimia, proviene del vocablo árabe Ul-khemi, y es como su nombre lo indica, la química de la naturaleza. Ul-Khemi, Alkimia es una palabra arabizada sacada del griego "jugo", aunque también es factible encontrar que proviene del vocablo egipcio khem o khamé (tierra negra) o al término árabe al y griego chemia). Entre los grandes hombres de ciencia que se cuentan como sus practicantes esta Teofrasto Paracelso y Rogerio Bacon. Podemos decir muchísimas cosas acerca de lo que vale, lo que significa y a lo que a dado lugar la alquimia de los magos pero lo fundamental es decir que estos perseguían la fabricación del oro espargírico, la panacea universal y el elixir de la vida. Estos trabajos infatigables relativos a la transmutación de los metales dieron un sinnúmero de descubrimientos, muchos de los cuales fueron desarrollados y formaron parte fundamental del progreso científico de la humanidad, de hecho algunos que hoy se creen esencial y exclusivamente modernos eran conocidos por los magos y los alquimistas de las más remotas edades, por eso efectivamente, la alquimia es la precursora de la química moderna y comparativamente es para la química lo que la astrología es para la astronomía. La alquimia trata de las fuerzas sutiles de la naturaleza y de las variadas condiciones de la materia en las que aquéllas obran. Se estudia bajo tres aspectos distintos que admiten muchas interpretaciones diferentes, el cósmico, el humano y el terrestre. Estos tres métodos eran típicos bajo las tres propiedades alquímicas: el azufre, el mercurio y la sal.
Lo cierto es que la alquimia era el arte hermético por excelencia, que se basaba en la idea de la transmutación de los bajos metales en oro y del proceso denominado Misterium Magnum (conocimiento de las fuerzas sutiles de la naturaleza) para obtener el Lapis Philosophorum (Piedra Filosofal) y el elixir para alargar la vida.
Pero la Filosofía Hermética encierra un significado más general que la transmutación de los metales, también afirma que si se llega a alcanzar el entendimiento, la transmutación del alma es posible. Lo que conlleva la alquimia como principio ontológico es la noción de cambio de la materia y como también se basa en los principios aristotélicos de que todo lo existente esta constituido por solo cuatro elementos esenciales, nosotros como seres en la misma condición, tenemos la posibilidad de cambiar nuestra estado interno para ser uno con el universo. Como cita El Kybalion "La mente, así como todos los metales y demás elementos, pueden ser transmutados, de estado en estado, de grado en grado, de condición en condición, de polo a polo, de vibración en vibración. La verdadera transmutación hermética es una práctica, un método, un arte mental".



EL ROMÁNTICO, EL ALQUIMISTA DEL DOLOR, CHARLES BAUDELAIRE



Charles Baudelaire


Al lector:

La necedad, el error, la codicia, el pecado
invaden nuestro espíritu y agotan nuestro cuerpo;
y alimentamos todos nuestros remordimientos
como alimentan los mendigos su miseria.
Los pecados son tercos, débil nuestro pesar;
nos hacemos pagar todas las confesiones,
y tornamos, alegres, al camino fangoso,
creyendo que un vil llanto borra todas las manchas.
Del mal en la molicie es Satán Trimegisto
quien largamente mece nuestro hechizado espíritu
Y el metal opulento de nuestra voluntad
Se evapora al influjo de tan sabio alquimista.
El diablo es quien nos mueve igual que a marionetas.
En lo más repugnante hallamos un imán;
Descendemos un paso, cada día, al infierno,
Sin horror, a través de tinieblas que hieden.
Y como un laberinto que devora y que besa
el seno maltratado de una hetaria decrépita,
hurtamos al pasar un goce clandestino
exprimiéndolo igual que una naranja seca.
Espeso, hormigueando cual un millón de helmintos,
hierven en nuestros cerebros un pueblo de Demonios
y cuando respiramos, baja a nuestros pulmones,
la Muerte, río invisible, entre sordos gemidos.
Si el estupro, el veneno, el puñal, el incendio,
no han realzado ya con sus amables trazos
el trivial cañamazo de un mísero destino
es porque nuestras almas no son bastante audaces.
Pero entre los chacales, las panteras, las perras,
Los monos y escorpiones, los buitres, las serpientes,
Y esos monstruos que ladran, rugen, gimen y reptan
En el infame circo de todos nuestros vicios.
Hay uno más horrible, más vil y más inmundo.
Aunque no manotea ni exhala grandes gritos
Es capaz de trocar la tierra en un despojo
Y en un solo bostezo se tragaría el mundo.
¡Es el tedio - empapado de involuntarias lágrimas
sueña en vagos cadalsos mientras fuma su opio.
Ya conoces lector al delicado monstruo,
-¡hipócrita lector - igual a mí -, mi hermano!

Charles Baudelaire, Las Flores del mal, México D.F., año 1994, Edit. Porrúa, P. 3.


Síntesis cronológica
Nace en París, el día nueve de abril de 1821. En 1866, durante una estancia en Bélgica, un ataque lo paraliza y lo deja casi mudo. Nunca se recupera de la afasia y la hemiplejía. Agoniza durante un año y fallece a la edad de 46 años un 31 de agosto de 1867.
Si bien sus comienzos literarios son en una obra colectiva en 1843, Versos, publicada con los nombres de Le Vavasseur, Prarond y Argonne, su colaboración es anónima y lo que realmente marca su comienzo es una obra como crítico de arte, Salón de 1846, que es una loa a su amigo Delacroix, y una critica a pintores oficiales. En ese mismo año descubre la obra de Edgar A. Poe, que ve como ese otro incomprendido que se le asemeja. Durante 17 años va a traducirla y revelarla.El 4 de febrero de 1857 envía el manuscrito de "Las Flores del Mal" y el 8 de marzo del mismo año se publica la traducción de las "Nouvelles Histories extraordinaires", de Poe. El 25 de junio el editor pone en venta "Las Flores del Mal" y con esto comienzan las persecuciones judiciales de la obra lo que determina la supresión de seis poemas.

Las Flores del mal
"Al poeta impecable, al perfecto mago de las letras francesas, a mí muy querido amigo y muy venerado. Maestro y amigo, Teófilo Gautier, con los sentimientos de la más profunda humanidad, dedico estas flores enfermizas"

Su relación con el Principio hermético de Polaridad:
"Todo es doble; todo tiene dos polos; todo su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son semiverdades; todas las paradojas pueden reconciliarse".
Es evidente que "Las Flores del Mal" nombran la milagrosa síntesis de los opuestos. Entre el esplín e ideal se establece la lucha, la agonía de la existencia. "El esplín es el tedio, la rutina, la rueda cotidiana de la esperanza y el desengaño, la melancolía de vivir, en especial esos atardeceres pizarros que agrisan París". Que más que esas sensaciones contradictorias que este poeta transmite de manera tan espléndida para comprobar la irrefutable certeza de que todo tiene dos polos. El genio literario de Baudelaire sería inexplicable sin este París melancólico, sin el aburrimiento, sin el desánimo y el mal humor, sería inexplicable sin esa rueda cotidiana de la esperanza y el desengaño, sensaciones encontradas inspiradas por el mismo escenario. Y frente a esta síntesis milagrosa de los opuestos, Baudelaire, el poeta, no retrocede sino que busca el amparo y el refugio en el ideal superador de esa realidad que lo oprime, se universaliza y adquiere significación de absoluto para definir la condición universal de la existencia humana, para animarse a bajar a los abismos del alma. A continuación, algunos fragmentos de poemas de su libro como ejemplo...

Bendición
"Sed bendito, Dios mío, que otorgáis el dolor
cual divino remedio de nuestras impurezas
y como la más pura y más divina esencia
que dispone a los fuertes para los santos goces.

Yo sé que reserváis un lugar al poeta
En la fila dichosa de las santas Legiones,
Y que lo convidáis para la eterna fiesta
De las Dominaciones, los Tronos, las Virtudes.

Yo sé bien que el dolor es la única nobleza
Donde no morderán la tierra ni el infierno,
Y que para trenzarme en corona mística
Son precisos el mundo y todas sus edades.


Elevación

Tras todas las molestias y las enormes penas
Que agobian con su peso la existencia brumosa,
¡dichoso aquel que puede con sus alas pujantes
lanzarse hacia otro campo luminoso y sereno!

Y cuyos pensamientos igual que unas alondras,
En la libre mañana hasta el cielo se elevan,
que vuela por la vida y sin esfuerzo entiende
lo que dicen las flores y todo lo que es mudo.


Su relación con el Principio hermético de Correspondencia:
"Como es arriba es abajo; como es abajo es arriba".
Al poeta le atraen las armonías, las correspondencias, las comparaciones o metáforas, las analogías que puede establecer entre él y las cosas del mundo exterior. Aunque se aleja de los análisis de la realidad cósmica, al contrario de Blake que aspira a comprenderla, Baudelaire no es ciego a la existencia de ese mar de símbolos que el universo pone ante sus ojos, al parecer los reconoce más con una sensación de espanto que de placer, con miedo a lo desconocido, al misterio que encierran las cosas. Por ejemplo en el caso de "El hombre y el mar" hace una analogía entre el interior del hombre y los fenómenos de la naturaleza, se percibe la inquietud que le provoca no acceder a los secretos de ambos.
Fragmentos de algunos poemas.
El hombre y el mar
Te gusta buscar el fondo de tu imagen,
La abarcas con los ojos y los brazos; tu pecho
se olvida algunas veces de sus propios latidos
Escuchando el rumor de esa queja indomable
Entre ambos sois discretos al para que tenebrosos;
Hombre, nadie ha llegado al fondo de tu abismo;
¡oh mar nadie conoce tus ocultos tesoros,
¡tanto celo mostráis en guardar tus secretos!


Himno a la belleza

¿Surges del hondo cielo o subes del abismo,
belleza? Tu mirada infernal y divina, vierte confusamente beneficios y crímenes,
Por lo cual se te puede comparar con el vino.

Tu pupila contiene el ocaso y la aurora.
Derramas los perfumes cual noche de tormenta;

............................................

¿subes del negro abismo o bajas de los astros?
El destino hechizado, te sigue como un perro;
Vas sembrando al azar el desastre y el júbilo.
Y todo lo gobiernas sin responder a nada.

Y te burlas, Belleza, de los muertos que pisas.
El horror no es la menos preciosa de tus joyas
Y entre tus dijes, más prestigiosos, el crimen
danza lleno de amor entre tu vientre orgulloso.


Por último me gustaría retomar a Baudelaire con la denominación que él mismo se adjudica, "el alquimista del dolor" y a través de ellas acercarnos, aunque sea tímidamente, a la búsqueda de este genio poético.
Mi corazón puesto al desnudo

"Hay en todo hombre, a toda hora, dos proposiciones simultáneas, una hacia Dios, otra hacia Satán. La invocación a Dios o espiritualidad, es el deseo de ascender de grado; la de Satán, o animalidad, la alegría de descender"

(*) Fuente: Trabajo realizado por María Andrea Castellino en el contexto de la materia Principales Corrientes del Pensamiento Contemporáneo de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires en el año 2000.

Notas:

1. (c. 490-430 a. J. C.) Intentó reconciliar la doctrina de la permanencia del ser con la de la realidad de la experiencia del cambio y del movimiento, defendida por Heráclito. Predicó la doctrina de los "cuatro elementos", tierra, agua, fuego y aire, por cuya mezcla se formaban todas las cosas individuales; el amor y el odio eran la causa del movimiento y, por lo tanto, de la mezcla de esos elementos. Esto le llevó a introducir una teoría del valor en la explicación de la naturaleza, puesto que el amor y el odio eran también responsables del bien y del mal en el mundo.

2. (450 a J. C.) Contemporáneo de Empédocles y Anaxágoras y fundador de la escuela de Abdera. Defendió el principio de que todas las diferencias cualitativas de la naturaleza pueden reducirse a diferencias cuantitativas. Así, Leucipo dividió el "Ser" homogéneos, distribuyéndolos en el espacio infinito en una infinita variedad de formas. Estas pequeñas partículas del "Ser" estaban separadas por el no "Ser", es decir, el vacío. El "Devenir" de las cosas era esencialmente el resultado del movimiento de estos átomos en el espacio y de su unión casual.

3. (c 460 -C. 360 a J. C.) Desarrolló la primera filosofía de la naturaleza de tipo materialista, aparte de la de Leucipo. Su influencia fue transmitida por el poema de Lucrecio, hasta los siglos del Renacimiento, época en que la atención de los científicos se orientó hacia el estudio de la naturaleza. Explicó la percepción humana como emanación de minúsculas copias de las cosas sensibles (eidola) que, mediante su impacto sobre los átomos de la mente, dejan impresiones, que son las causas de la memoria.

4. H. D. F. Kitto, Los griegos, Buenos Aires, 1963, Editorial Universitaria de Buenos Aires, P. 243)

5. George Bataille, La literatura y el mal, 1971, Colección Ser y Tiempo, P. 124, material de la cátedra.

6. OP. CIT., Los griegos, P. 243.

7. (428 7-348 a J. C.) Fue uno de los más importantes pensadores griegos. Fue miembro del círculo Socrático, adquirió un conocimiento profundo de las filosofías de los Pitagóricos, Heráclito, los eleatas, y otras escuelas presocráticas. La Filosofía de Platón señala una de las más altas cumbres del genio filosófico griego.

8. Literalmente, el término griego significa henchimiento. Fue usado por los gnósticos para designar el mundo de la luz o el mundo espiritual de los eones llenos de vida divina.

9. Filósofo presocrático de finales del sigloVI a. J. C. fundador de la escuela eleata; desarrolló el concepto del "Ser" frente al "Devenir" de Heráclito. Para pensar debemos admitir previamente la existencia de algo, debemos suponer que algo es. Lo que no es no puede ser pensado y no puede ser.

10. Diccionario de Ciencias Ocultas, Buenos Aires, República Argentina, 1956, Edit. Noseda y Compañía, P. 82 - 85.

11. (1493 - 1541) Era médico e intentó usar la filosofía como uno de los pilares de la ciencia médica. Su filosofía es una misteriosa mezcla de neoplatonismo, experimentación y supersticiones mágicas. Rechazó gran parte de las teorías tradicionales de Galeno y de los médicos árabes.

12. (1214-1294) Perteneciente a la orden de los franciscanos. Descubrió la importancia de la aplicación deductiva de principios e insistió en la necesidad de una comprobación experimental de los resultados.

13. Delacroix, pinto romántico que se impone sobre la pintura clasista de Ingres (1824).

14. Charles Baudelaire, Las Flores del mal y Diarios íntimos, México D.F., 1994, Edit. Porrúa, P. 15.

15. IBID, P. 25.

Extraido de Temakel

jueves, 19 de febrero de 2009

HECHOS MEMORABLES DE RENÉ DAUMAL

Acuérdate de tu padre y de tu madre, y de tu primera mentira cuyo indiscreto olor se arrastra por tu memoria.
Acuérdate de tu primer insulto a los que te engendraron: la semilla del orgullo quedó sembrada, resplandeció la fisura quebrando la unidad de la noche.
Acuérdate de los anocheceres de terror en los que el pensamiento de la nada te arañaba el vientre, y volvía sin cesar para picotearte como un buitre; acuérdate también de las mañanas de sol en el cuarto.
Acuérdate de la noche de liberación en la que, al caer tu cuerpo suelto como un velamen, respiraste un poco del aire incorruptible; acuérdate también de los animales pegajosos que te han vuelto a aprisionar.
Acuérdate de las magias, de los venenos y de los sueños tenaces -querías ver, te tapabas ambos ojos para ver, pero no sabías abrir el otro.
Acuérdate de tus cómplices y de los fraudes en común y de ese gran deseo de salir de la jaula.
Acuérdate del día en que desgarraste la tela y te apresaron vivo, inmovilizado ahí mismo en la batahola de bataholas de las ruedas que giran sin girar, contigo adentro, cogido siempre por el mismo instante inmóvil, repetido, repetido, y el tiempo no daba sino una vuelta, todo giraba en tres sentidos innumerables, el tiempo se cerraba al revés ( y los ojos de carne sólo veían un sueño, sólo existía el silencio devorador, las palabras eran pieles secas, y el ruido, el sí, el ruido, el no, el alarido visible y negro de la máquina te negaba), el grito silencioso "Yo soy" que el hueso oye, por el cual muere la piedra, por el cual cree morir lo que nunca fue. Y tú no renacías a cada instante sino para ser negado por el gran círculo sin límites, todo pureza, todo centro, todo pureza salvo tú mismo.
Y acuérdate de los días que siguieron, cuando marchabas como un cadáver hechizado, con la certidumbre de ser devorado por el infinito, de ser aniquilado por la existencia única de lo Absurdo.
Y acuérdate sobre todo del día en que querías arrojarlo todo, de cualquier modo. Pero un guardián vigilaba en tu noche, vigilaba mientras dormías, te hizo tocar tu propia carne, te hizo recordar a los tuyos, te hizo recoger tus andrajos.
Acuérdate de tu guardián.
Acuérdate del hermoso espejismo de los conceptos, y de las palabras conmovedoras, palacio de espejos construido en un sótano. Y acuérdate del hombre que vino y lo rompió todo, te tomó con su tosca mano, te arrancó de tus sueños y te obligó a sentarte sobre las espinas del pleno día. Y acuérdate de que no sabes recordar.
Acuérdate de que todo se paga, acuérdate de tu felicidad, pero cuando te trituraron el corazón, era ya demasiado tarde para pagar por adelantado.
Acuérdate del amigo que te tendía su razón para recoger tus lágrimas brotadas de la fuente
helada que violaba el sol de primavera.
Acuérdate de que el amor triunfó cuando ella y tú supisteis someteros a su fuego ansioso, rogando morir en la misma llama.
Pero acuérdate de que el amor no es de nadie, de que en tu corazón de carne no hay nadie, de que el sol no pertenece a nadie, ruborízate al contemplar el cenegal de tu corazón.
Acuérdate de las mañanas en que la gracia era como una vara amenazadora que te conducía, sumiso, a través de tus jornadas, ¡bienaventurado el ganado bajo el yugo!
Y acuérdate de que entre sus dedos entumecidos tu pobre memoria dejó escapar el pez de oro.
Acuérdate de los que te dicen: acuérdate. Acuérdate de la voz que te decía: no caigas. Y acuérdate del placer equívoco de la caída.
Acuérdate, pobre memoria mía, de las dos caras de la medalla. Y de su metal único.

miércoles, 18 de febrero de 2009

LA GUERRA SANTA DE RENÉ DAUMAL

LA GUERRA SANTA- RENÉ DAUMAL

Voy a escribir un poema sobre la guerra.
Tal vez no sea un verdadero poema, pero será sobre una verdadera guerra.
No será un verdadero poema porque el verdadero poeta no está aquí.
Si
estuviera cesaría el ruido entre la multitud, se haría primero un gran
silencio, un silencio pesado, un silencio preñado de mil truenos.

Veríamos
al poeta y palidecerían nuestras pobres sombras. Lo odiaríamos por ser
tan real, nosotros los débiles, los enojados, nosotros los todo-cosa.
Estaría
aquí, agotado por los mil truenos de la multitud de enemigos que
contiene –porque los contiene y los satisface cuando quiere- ,
incandescente de dolor y de sagrada cólera pero tan tranquilo como un
pirotécnico,
Y abriría en el gran silencio una pequeña canilla, la muy pequeña canilla del molino de palabras.
De allí saldría un poema, un poema tal, que uno se pondría verde.

Lo
que voy a hacer no será un verdadero poema poético de poeta, porque si
la palabra “guerra” fuese pronunciada en un verdadero poema, esa
guerra, la verdadera guerra de la que hablaría el poeta, la guerra sin
piedad, la guerra sin pactos ni compromisos se encendería
definitivamente en nuestros corazones.

Tampoco será un discurso
filosófico, porque para ser filósofo, para amar la verdad más que a mí
mismo, hay que estar muerto para el error, hay que haber matado a las
traidoras complacencias del sueño y de la cómoda ilusión. Pero eso es
la meta y el fin de la guerra , y la guerra apenas ha comenzado, hay
todavía traidores para desenmascarar.

Tampoco será obra de
ciencia, porque para ser científico, para ver y amar las cosas tal cual
son, hay que ser uno mismo, y amar es verse tal cual uno es. Hay que
haber roto los espejos mentirosos, haber matado con mirada implacable
los fantasmas insinuantes. Pero eso es la meta y el fin de la guerra, y
la guerra recién ha comenzado, hay todavía máscaras que arrancar.

No
será tampoco un canto entusiasta, ya que el entusiasmo sólo es estable
cuando el dios se ha levantado, cuando los enemigos no son más que
fuerzas sin formas, cuando el estruendo de la guerra repica a todo
trapo. Pero la guerra apenas ha comenzado y nosotros todavía no hemos
arrojado al fuego nuestro juego de cama.

Todavía no será una
invocación mágica, porque el mago dice a su dios: “Haz lo que me gusta”
y rehúsa hacer la guerra a su peor enemigo, si el enemigo le gusta.
Ni
será un ruego de creyente, porque el creyente dice a su dios: “Haz lo
que quieras” y para eso se ha tenido que meter el hierro y el fuego en
las entrañas de su más querido enemigo. Y eso es el hecho de la guerra.
Pero la guerra apenas ha comenzado.

Será un poco todo eso, un
poco de esperanza y un esfuerzo hacia todo eso y también será un
llamado a las armas. Un llamado que el juego de los ecos podrá
devolverme y que otros, tal vez escucharán.


Ahora podéis adivinar de qué guerra quiero hablar.
De
las otras guerras, de las que sufrimos, no hablaré. Si hablara de ellas
sería literatura común, un sustituto, una excusa. Así como empleé la
palabra “terrible” cuando aún no tenía la piel de gallina. Así usé la
expresión “reventar de hambre” cuando aún no había llegado a robar en
los escaparates. Como hablé de “locura” antes de haber intentado mirar
el infinito por el ojo de la cerradura. Así como hablé de la muerte
antes de haber sentido en mi lengua el gusto de sal de lo irreparable.
Como hablan de pureza algunos que siempre se consideraron superiores al
cerdo doméstico. Así como quienes adoran y repintan sus cadenas hablan
de libertad y algunos que sólo aman la sombra de sí mismos hablan de
amor, o de sacrificio quienes por nada se cortarían el dedo más
pequeño. O de conocimiento quienes se disfrazan ante sus propios ojos.
Así como nuestra gran enfermedad es hablar para no ver nada.
Sería
un sustituto impotente, como los viejos y los enfermos que hablan con
gusto de los golpes que dan o reciben los jóvenes elegantes.

¿Tengo entonces el derecho de hablar de la otra guerra mientras no está, quizás, definitivamente encendida en mí?
Sí,
tal vez no tenga el derecho, pero “no tener el derecho” puede
significar “tener el deber” y, sobre todo, “la necesidad”, ya que nunca
tendré demasiados aliados.


Intentaré, entonces, hablar de la guerra santa.

¡Pueda
ella estallar de manera irreparable! Cada tanto se enciende, pero nunca
por mucho tiempo. Ante los primeros signos de victoria me admiro en el
triunfo, me hago el generoso y pacto con el enemigo. Hay traidores en
la casa, pero tienen cara de amigos, ¡Sería tan desagradable
desenmascararlos! Ocupan su lugar junto al fuego, tienen sus sillones y
sus pantuflas; vienen cuando estoy somnoliento, me hacen un cumplido,
me cuentan una historia palpitante o divertida, me traen flores o
golosinas o algún hermoso sombrero de plumas. Hablan en primera
persona, creo escuchar mi voz, es mi voz que creo emitir: “Yo soy... yo
sé... yo quiero...”
Mentiras. Mentiras metidas en mi carne, abscesos
que me gritan: “ No nos revientes! Tenemos la misma sangre!” ; pústulas
que lloriquean: “Somos tu único bien, tu único ornamento, sigue
nutriéndonos, no te cuesta tanto!”
Son muchos, son encantadores y
lastimeros, son arrogantes y me chantajean, hacen alianzas...esos
bárbaros no respetan nada –nada verdadero, quiero decir, ya que delante
de todo lo demás se retuercen de respeto. Gracias a ellos tengo forma,
ocupan el lugar y tienen la llave del cajón de las máscaras. Me dicen:
“Nosotros te vestimos; cómo harías sin nosotros para aparecer en el
mundo?”
¡Oh, antes mejor ir desnudo como un gusano!


Para
combatir a esos ejércitos sólo tengo una pequeña espada apenas
perceptible; corta como una navaja, es verdad, y es muy asesina. Pero
es tan pequeña que la pierdo a cada rato. Nunca sé dónde la guardé. Y
cuando por fin la encuentro, me parece muy pesada de llevar y muy
difícil de manejar, mi mortífera pequeña espada.

Yo sé decir apenas algunas palabras, que son más bien vagidos, en cambio ellos hasta saben escribir.
Hay
siempre uno en mi boca que acecha mis palabras cuando quiero hablar.
Las escucha, guarda todo para sí y habla en mi lugar, con las mismas
palabras pero con su inmundo acento. Y gracias a él se me respeta y se
me juzga inteligente (pero los que saben no se equivocan; pueda yo
escuchar a los que saben!)
Esos fantasmas me roban todo. Y después
pretenden que los compadezca. “Nosotros te protegemos, te expresamos,
te hacemos valer y tú quieres asesinarnos! Te destrozas a ti mismo
cuando nos tratas mal, cuando golpeas con maldad nuestra sensible
nariz, la nuestra, la de tus buenos amigos.”
Y la sucia piedad con
todas sus tibiezas viene a debilitarme. Contra todos ustedes,
fantasmas, toda la luz! Bastará que encienda la lámpara para que
callen, que abra un ojo para que desaparezcan.
Porque están esculpidos de vacío, envejecidos por la nada.
Contra ustedes, la guerra hasta el final! Ninguna piedad, ninguna tolerancia. Un sólo derecho: el derecho de no ser más.

Pero
ahora, otra es la canción. Se sienten señalados y se muestran
conciliadores: “Sí, tú eres el amo. ¿Pero qué es un amo sin servidores?
Déjanos permanecer en nuestros modestos lugares, prometemos ayudarte.
Imagina, por ejemplo, que quieras escribir un poema. ¿Qué harías sin
nosotros?” Sí, rebeldes, un día volveré a poneros en vuestros sitios.
Os doblegaré bajo mi yugo. Os alimentaré con heno y os pegaré todas las
mañanas. Mientras succionéis mi sangre y robéis mis palabras, Oh, más
vale no escribir poemas!
Esa es la maravillosa paz que me proponen.
Cerrar los ojos para no ver el crimen. Que me agite de la mañana a la
noche para no ver a la muerte con la boca siempre abierta. Que me crea
victorioso antes de haber luchado. ¡Paz de mentira!
Que me acomode en las propias cobardías, ya que todo el mundo se acomoda. ¡Paz de vencidos!
Un
poco de mugre, un poco de embriaguez, un poco de blasfemia bajo
palabras espirituales. Una mascarada de virtud, un poco de pereza y
ensoñación, o mucha, si uno es artista, un poco de todo eso y alrededor
muchas palabras hermosas. Esa es la paz que proponen. ¡Paz de vendidos!
Y
para salvaguardar esa paz vergonzosa, uno hará de todo, también la
guerra a sus semejantes. Porque existe una vieja y segura receta para
conservar esta paz: acusar siempre a los otros
¡Paz de traición!

Ahora
sabéis que quiero hablar de la guerra santa. Aquel que se haya
declarado esta guerra, ése está en paz con sus semejantes. Y aunque
todo en él sea campo de la más violenta de las batallas, en el fondo
del fondo de sí mismo reinará una paz más activa que todas las guerras.
Y cuanto más reine la paz en el interior de sí, en el silencio y la
soledad central, con mayor rabia se abatirá la guerra contra el tumulto
de las mentiras, contra la gran ilusión.

En ese vasto silencio
envuelto en gritos de guerra, escondido del afuera por el huyente
espejismo del tiempo, el eterno vencedor escucha las voces de otros
silencios. Solo, después de haber roto la ilusión de no estar solo, ya
no está solo por estar solo.
Pero estoy separado de él por ejércitos
de fantasmas que quiero aniquilar. ¡Pueda yo un día instalarme en esa
ciudadela! Sobre las murallas, ¡sea destrozado hasta el hueso para que
el tumulto no llegue a la cámara real!
“¿Mataré?”, pregunta Arjuna,
el guerrero. “Mata” se le responde, “si eres un matador no tienes
elección”. Pero si tus manos enrojecen con la sangre de los enemigos,
no dejes que ni una sola gota salpique la cámara real, donde espera el
vencedor inmóvil.

“¿Pagaré el tributo al César?”, preguntó otro.
“Paga” se le responde. Pero no dejes al César echar una sola mirada
sobre el tesoro real.

Y yo, que en el mundo del César no tengo otra arma que la palabra,
Yo, que en el mundo del César no tengo otra moneda que la palabra,
Hablaré?
Hablaré, para llamarme a la guerra santa.
Hablaré, para denunciar a los traidores que he alimentado.
Hablaré, para que mis palabras avergüencen a mis acciones,
Hasta el día en que una paz acorazada de truenos reine en la cámara del eterno vencedor.

Y
porque he empleado la palabra “guerra” –y esa palabra “guerra” hoy no
es más que un simple ruido que las gentes instruidas hacen con sus
bocas- y esa palabra es ahora una palabra seria y cargada de sentido.
Sabrán que hablo seriamente y que no son vanos ruidos que hago con mi
boca.


René Daumal
Primavera de 1940