miércoles, 29 de octubre de 2008

EVOCANDO A PIERRE KLOSSOWSKI


Evocando a Pierre Klossowski


En una de nuestras conversaciones sobre literatura con Patricia de Souza, le comentaba que como traductor, García Ponce introdujo en el ámbito latinoamericano a autores como Robert Musil, Pierre Klossowski, George Bataille, Heimito Von Dederer, Julian Gracq, George Trakl. Que, además, había traducido al castellano, entre muchos otros más, La larga marcha, de William Styron; Eros y civilización, El hombre unidimensional y Ensayo sobre la liberación, de Herbert Marcuse, y la trilogía La vocación suspendida, Roberta esta noche y El Baphomet, de Pierre Klossowski.

Recordé haber leido, cuando esto le manifestaba, que ella había tenido la fortuna de entrevistarlo, hecho que me confirmó. Podrán imaginarse, dada la admiración que siento por Klossowski, cuya obra obviamente conocí a través de García Ponce, que le pedí me contara sobre esta experiencia. Intentando resumir, me dijo que Klossowski vivía en una casa modesta y pequeña, que era una persona poseedora de una inmensa ternura, sereno y un tanto melancólico. Qué le habló de Rilke y le aconsejó leyera a Lautréamont, que le había regalado un libro que firmó con una mano y que había conocido a su esposa. Patricia, escribió un texto sobre este escritor y pintor, hermano del notable Balthus, que quiero compartir con ustedes:


Pierre Klossowski, el inasible
Patricia de Souza

Pierre Klossowski (1905-2001), nunca ha tenido un verdadero rostro. Ni filósofo, ni teólogo, ni escritor, ni pintor, “el autor clásico más importane de fines del siglo XX”, como me lo dijo una joven editora, poco antes de su muerte y antes de que le hiciera una visita en su modesto departamento de la rue Glaciere, en el barrio XIII de París. Klossowski estaba muy anciano y Denise, o Denise Maria Roberte, la inspiración de sus libros y de sus pinturas, estaba con él, mucho más joven, pero devota de esa vida creativa, justa, austera. La vida de Klossowski, su creación, es una autobiografía, o una autoficción a la manera cómo la entendió Marcel Duchamp (en cierta forma otro diletante); ella, se construye a través de una serie de objetos, libros, pinturas, películas, etc... Klossowski, Bataille, Blanchot, y más tarde, Deleuze, Foucault o Derrida, forman parte de esa generación que vive la crisis de después de la guerra, crisis simbólica, pero sobre todo, religiosa. Sus búsquedas estéticas, y más que nada en el caso de Klossowski, Bataille y Blanchot, se mantienen siempre al límite de lo indecible, del no poder decir, o hacer, nada más, y hacen de la transgresión una forma de conocer la realidad. Realidad y sueño confundidos como producto de la desesperación de no poder creer y desear hacerlo, en resumen, un ateísmo creyente.

En el caso de PK, su primer aporte es pensar que el erotismo es una forma de representación, recorrer el cuerpo de la mujer es recorrer su propio cuerpo, o una gnósis, en el sentido clásico de sí mismo. Así como Sade (el libro Sade, mi próximo, es revelador) crea un sistema de transgresiones y perversiones para oponerlo a un sistema político, el monárquico. Es decir, ahí donde la libertad no existe, el mundo de Sade es el único terreno del libre pensamiento y de la total libertad en el actuar. Y tal vez Klossowski no haya estado tan lejos de esa forma de sentir de Sade, pero las épocas eran otras. Por eso nunca tuvo un verdadero lugar, demasiado teólogo para ser un libre-pensador, demasiado plástico para ser un escritor, demasiado clásico para ser un autor realmente moderno. Klossowski escribe: "Retengan esto para la alegría de mis detractores: no soy ni un escritor, ni un pensador, ni un filósofo, ni nada que sea en ninguna forma de forma de expresión, nada de eso, antes de haber sido y ser un monómano”.

A los 16 años, Klossowski, quien había conocido a André Gide por intermedio del poeta Rainier Maria Rilke, decide convertirse en su pupilo eperando sacar una verdadera educación espiritual de su maestro. Esta relación es fundamental para el futuro de Klossowski, quien empezará por traducir del alemán, los Poemas de la locura de Holderlin (1930), y seguirá con traducciones de Nietszche, Kafka, Benjamin, Heidegger, o Wittegenstein. Su relación con los libros era un estado casi natural puesto que la proximidad de Rilke, durante el tiempo que duró la relación de su madre con el artista (1920-1926), fue determinante. Mucha gente rumoreaba que tal vez Klossowski era hijo del poeta y que esa era la razón por la cual, su hermano menor, conocido como Balthus, había cambiado de nombre.

La exposición en Beaubourg

En la sala donde se exponen los “Cuadros vivos” de Klossowski, hay varias cosas que llaman la atención, primero, la dimensión de sus personajes, y luego, la suspensión de cada uno de ellos. Roberta, la mujer que representó siempre a las míticas Diana, Lucrecia, Salomé, se mantiene inasible de cualquier manera. Aparece en una serie de representaciones eróticas, acosada por una especie de “genio maligno” masculino, víctima de su propio cuerpo, atrapada en un goce sufriente, análogo al de la Julieta de Sade, entre la bondad y la perversión. Todos estos cuadros tienen que ver con las novelas que son complementos de toda esta fantasmagoría erótica: Roberta esta noche, El edicto de Nantes, Las leyes de la hospitalidad, etc... Algunas fotos del cineasta Pierre Zucca son muy sugerentes, erotismo al límite de la perversión, es una etapa de la escena artística francesa que ha dejado sus huellas: Klossowski, Bataille (hay que leer Las lágrimas de eros) y Blanchot.

He puesto en la parte de abajo el texto de García Ponce, Ante la muerte de Pierre Klossowski, para completar el recuerdo de grandes escritores que ya no están, pero cuyas obras son su presencia inolvidable, su errancia sin fin...