miércoles, 29 de octubre de 2008

TEOGONÍAS Y COSMOGONÍAS


Teogonías y Cosmonogonías
Escrito por Burdon


Hesíodo, Ascra Siglo VIII a.c. - Siglo VII a.c.

Cuando se inicia el estudio de las primeras expresiones del esfuerzo del pensamiento griego para darse una representación más o menos sistemática del universo y de las relaciones que envuelve, hay algo que debe tenerse en cuenta y es que nos encontramos ante los resultados de una elaboración colectiva y que ésta no se refleja en la literatura y, por consiguiente, no comienza a pertenecer a la Historia hasta que alcanza su término y está próxima a dar paso a otras formas de pensamiento. De esta manera, lo que positivamente alcanzamos no es la época durante la cual la representación del universo estaba todavía implícita en las prácticas rituales que aseguraban la comunión del grupo social con las misteriosas potencias de la Naturaleza, sino, al contrario, la época en la que ya lograron separarse de ellas y organizarse en un sistema de representaciones definidas, semiafectivas, semiintelectuales.

Como es sabido, tales representaciones se manifiestan en forma de mitos, es decir, de relatos que, al narrar la genealogía o determinados rasgos de la vida de personajes divinos, expresan, sirviéndose de imágenes tomadas de la generación y de la acción humana, las naturales relaciones de las cosas.

Por otra parte, resulta más que probable que los mitos sean consecuencia de la necesidad de hacer inteligible el misterio contenido en los ritos de un culto ya practicado.

Finalmente, la tendencia de los mitos a unificarse iba necesariamente unida a un esfuerzo por simplificarlos, por eliminar de ellos, en cuanto fuera posible, las incoherencias, por separarlos de los cultos a que estaban vinculados. De esta manera se explicaría la gradual estructuración de una mitología física ya con cierta universalidad y en posesión de un valor propio independiente de la religión.

Este último carácter aparece ya en los poemas homéricos: las historias de los dioses ya se encuentran allí constituidas en leyendas profanas y despojadas de la majestad propia de las cosas sagradas. Pero en un medio social con horizontes ya restringidos y con un vivir menos amable, se concibieron los mitos con muy diferente tono que en aquella sociedad jonia a la que se dirigía la poesía homérica. Es lo que se observa en la "Teogonía" llamada de Hesíodo. En ella, el autor se interesa en el mito por el mismo mito y como materia de conocimiento. Se esfuerza por sistematizar lo que hay de relativamente racional en las diversas tradiciones míticas y por arquitecturar una "suma" de conocimientos con propósitos didácticos. Por su inclinación a la simplicidad y a la universalidad, su obra ya es, en este aspecto científica. Además, esta teogonía también es cosmogonía: el interés con que trata las generaciones de los dioses está dominado por el deseo de exponer la actividad de las fuerzas de la Naturaleza.

Por lo demás, ya en "Los trabajos y los días" la directa observación de la Naturaleza ocupa lugar muy importante y la "Astronomía", que corrió con el nombre de Hesíodo, es igualmente, sin duda, antiquísima producción de la escuela de Beocia.

El poeta pide protección a las Musas, que saben de las cosas verdaderas, y aun sus mentiras se relacionan con la verdad; ellas hablan a la inteligencia y declaran lo que es, lo que fue y lo que será; cantan los "módulos" o leyes de "todas las cosas", remontándose hasta el principio. Como decía Aristóteles, "las fuerzas naturales son anteriores a las potencias que tienen por función regirlas" (Metaf. N 4, 1091b).

Todavía incapaz de elevarse a abstracciones sin personificar, distingue, no obstante, entre tales personificaciones y las fuerzas materiales, lo cual quiere decir que por primera vez aparece el sentimiento de una distribución por clases y de un orden bien regulado. Finalmente, la investigación de las filiaciones a partir de la estirpe primitiva, es el esfuerzo para descubrir una relación de subordinación entre las realidades, para desvelar el fondo común de las cosas que ha de servir como base a todo el posterior devenir, un principio interno de producción que va a conservar a las cosas, de manera hereditaria, sus propiedades y que se estructurará definitivamente en un sistema de relaciones permanentes. El pensamiento racional no hará otra cosa que continuar este esfuerzo de la teogonía y de la cosmogonía míticas: al transformarlas por un cambio de orientación, dará la ilusión de una creación completamente nueva y casi espontánea, cuando en fin de cuentas, no hace sino desarrollar un germen persistente.

Con mayor razón aún que para la "Teogonía" hesiódica, podremos limitarnos a un escueto resumen de las restantes cosmogonías. No difieren en cuanto a sus tendencias generales y esto es lo que, sobre todo, resulta interesante. Por otra parte, los testimonios que nos permiten conocerlas son muy incompletos o se encuentran demasiado distantes de la época en que se organizaron.

Tratar de interpretar estos mitos resulta empresa tan complicada como determinar su fecha. Productos complejos de la adaptación de la leyenda a las nociones elaboradas, de manera más o menos sistemática, por la ciencia y la Filosofía, nos proporcionan, no obstante, un índice de estado espiritual que abrió camino a éstas.

Por último, las imágenes que contienen los mitos, siguieron proporcionando a la Filosofía -como se ve por Platón y los estoicos- una opulenta materia de representaciones simbólicas para tratar los problemas que no podía explicar la ciencia.

Leon Robin