martes, 17 de junio de 2008

ALGUNAS PALABRAS SOBRE ZOROASTRO




ZOROASTRO


Resulta complejo estudiar la figura de Zoroastro o Zarathustra y su doctrina, en la que predomina el culto al Fuego Sagrado y al Sol, y un carácter dualista de la existencia. Es esta religión conocida como Mazdeísmo, Magismo o Parsismo, y de ella deriva también el Maniqueísmo, el cual tuvo una notable influencia en ciertas regiones de la Europa y el África medieval.

Ante todo, cabe decir que Zarathustra es un nombre genérico, para designar a un gran legislador y reformador religioso. Por tanto, no es extraño que existan varios de ellos entre la tradición irania, aunque no se conocen con claridad los años de su existencia. Es lógico, pues, que el Zend Avesta, (nombre general de los libros sagrados de los Parsis), se halla compuesto de fragmentos recopilados en distintas épocas y de diversos Maestros.

En la historia legendaria del primer Zoroastro, que vamos a relatar, encontramos muchos elementos simbólicos, comunes a todas las religiones, y que nos ayudan a comprender mejor el esoterismo.

–Cuatro o cinco mil años antes de nuestra era, tribus nómadas arias poblaban el Asia Central, entre Persia y el Irak. La historia de estos pueblos arios primitivos, está repleta de las luchas contra los invasores turanios, de tez amarilla, venidos del norte y ávidos de conquista.

En aquella época, nació un muchacho de nombre Ardjasp, quien se convertiría en el primer Zoroastro. Su juventud transcurrió cazando búfalos y luchando contra los turanios. Hijo de un rey desposeído por sus conquistadores, soñaba con restaurar el antiguo reino, aunque realmente no contaba con armas, hombres ni caballos para destruir a sus poderosos enemigos.

Un día, un mendigo visionario le predijo que reinaría sin cetro ni corona, pero con más poder que todos los reyes de la tierra, y coronado por el sol.

En otra ocasión, penetró en un bosque profundo, y descubrió en él a una hermosa mujer, que llenaba un recipiente en una fuente.

– ¿A quién pertenece este valle? -Dijo Ardjasp.

-Reina aquí el patriarca Vahumano, guardián del puro fuego y servidor del Altísimo. -Contestó ella.

-¿Cómo te llamas, noble mujer? -Preguntó el joven, cautivado por su belleza.

Me dieron el nombre de este río: Arduizur (fuente de luz). Pero cuidado, aquel que beba de sus aguas se abrasará en una sed inextinguible. Sólo un Dios podrá apagarla.

Tras esto, la mujer se volvió y desapareció entre los árboles.

Ardjasp se inclinó sobre la fuente, sin preocuparse por lo dicho por la joven, y bebió de sus aguas, pues estaba sediento. Se marchó después, olvidando casi por completo lo sucedido.

Pasaron varios años, y los turanios vencieron a los arios. Zohak, el rey turanio, convocó a las tribus arias en su fortaleza, para que reconocieran su poder. Ardjasp acudió también para observar a su enemigo.

Tras el rey, se hallaba el templo de Angra-Mayniú (Arimán) el Tenebroso, Dios de los turanios, guardado por dos dragones-serpiente. Entonces trajeron a la presencia del rey una cautiva, una bella mujer que Ardjasp reconoció; era Arduizur, la mujer de la fuente. El rey ofreció la mujer al turanio que se consagrase a su Dios, vertiese su sangre en el fuego, bebiera sangre de toro y le prestase juramento. Si nadie la quería, sería arrojada a los dragones.

Se presentó un caudillo turanio a cumplir con las condiciones, cuando la mujer, dirigiéndose a Ardjasp, le rogó que la salvara.

El joven se lanzó contra el turanio, espada en mano, pero los guardianes le detuvieron, y estaban a punto de atravesarlo con sus lanzas, cuando el rey los detuvo y le dijo a Ardjasp:

"Te otorgaré la vida, ofreciéndote a esta mujer, si me prestas juramento y te sometes a nuestro dios".

Ardjasp, no estaba dispuesto a someterse y Arduizur lanzó otro grito. El se volvió de nuevo contra los turanios y se hubiera dejado matar, si sus compañeros no lo hubieran retenido.

Perdió el conocimiento, y al recobrarlo, distinguió a la mujer atada a un caballo, que escoltada por soldados turanios partía hacia algún lugar desconocido.

En esos momentos, Ardjasp recordó las palabras de Arduizur:

-Aquel que beba de esta agua, será abrasado por una sed que sólo un Dios podrá apagar.

Sentía sed de venganza y justicia, de liberar a Arduizur y a su pueblo de la opresión de sus enemigos.

Ardjasp se presentó ante el patriarca Vahumano, quien ya conocía el rapto de Arduizur.

-¿Qué quieres de mi? -Le preguntó al Maestro.

-Tú eres sabio y poderoso. Vengo en busca de la luz y la verdad para mí, y de justicia y liberación para mi pueblo.

¿Posees la paciencia que desafía el tiempo? ¿Estás dispuesto a renunciar a todo por conseguirlo, y a sufrir por ello toda la vida?

-Toma mi cuerpo y mi Alma; estoy dispuesto a todo por salvar a los arios y liberar a Arduizur.

-Entonces te ayudaré -contestó Vahumano. Te quedarás con nosotros como discípulo y ya no regresarás con los tuyos. Tu nombre ya no será Ardjasp, sino Zarathustra, o Zoroastro, que significa Estrella o Esplendor del Sol. Serás servidor del Ahura-Mazda Omnisciente, el Viviente Espíritu del Universo.

Vahumano le explicó a Zoroastro que era preciso combatir y derribar al Dios turanio, Arimán, propagador de la opresión, el vicio y el odio, para salvar a su pueblo. Luego le ordenó ascender hasta una gruta en lo alto de las montañas, rogando continuamente al Señor del Sol que se manifestara en él y le transmitiera su ley.

El discípulo pasó diez años en aquel lugar, sin escuchar la voz de Ormuz (Ahura-Mazda), sin poder contemplarlo. Recordaba a Arduizur y se preguntaba sobre su destino y el de los arios. Por las noches le asaltaban los demonios de Arimán bajo formas de chacales, murciélagos o serpientes, y cada vez los ataques eran más terribles. Tras ellos aparecía una mujer, con mantos oscuros, semejante a Arduizur, y después volvía a desaparecer. Poco a poco la sombra fue aclarándose y se convirtió de negra a gris, y luego fue blanqueándose, traía flores y rayos y parecía expulsar a los demonios.

Tras tres noches de gran sufrimiento y angustia, en que sintió su muerte y la de todos los seres, y abandonado de toda esperanza, escuchó una gran voz, como un trueno, y apareció ante él el Verbo Solar, Ormuz, Ahura-Mazda, en forma humana y rodeado de ángeles, diciéndole:

"Soy Ahura-Mazda, el que te ha creado y elegido. ¡Escúchame, oh Zarathustra!, el mejor de los hombres; te hablaré día y noche, y te comunicaré la palabra de Vida".

Desde entonces, Zoroastro escuchaba cada día la palabra de Ormuz, le revelaba la creación del universo y los grandes misterios cósmicos, y le enseñaba a combatir a los demonios de Arimán. Ormuz condena la violencia y la injusticia, pero califica el valor como la mayor virtud del hombre.

Tras diez años en soledad, Zoroastro regresó con los suyos, quienes apenas le reconocieron. Convocó a todas las tribus arias vecinas, y los incitó a la guerra contra los turanios. Les anunció su Revelación, el Zend Avesta, la palabra de Ahura-Mazda, que se resumía en Purificación del cuerpo y el Espíritu por la plegaria y el culto al fuego; trabajo en la tierra, y la lucha contra Arimán y los turanios.

Tras cuarenta años de combates, los arios derrotaron por fin a sus adversarios, bajo el mando de Zoroastro, proclamando éste un rey, e instaurando el culto a Ormuz.

Tras ello, regresó a su retiro en las montañas, para que Ahura-Mazda le comunicara el porvenir de su raza. Allí volvió a contemplar a su Señor en su máximo esplendor, que le mostró el futuro del pueblo persa. Luego le ordenó ascender a la cumbre de la montaña. Allí se encontró con una mujer luminosa, Arduizur, quien tras morir a manos de los turanios, renacía convertida en el Alma Divina de Zoroastro, para fundirse en él y adentrarse ambos en el Espíritu Inmortal de Ahura Mazda.

La época del último Zoroastro, según la tradición parsi, se coloca entre el 660 y 583 a. C., cuando se redactó el Zend-Avesta en la forma en que es conocido actualmente. En la vida de este Maestro, observamos también sucesos maravillosos, y cierto paralelismo con la de Budha.

A los 20 años abandonó la casa de sus padres, en busca de la sabiduría. Permaneció siete años en el interior de una cueva, en silencio y tinieblas, hasta que los ángeles le revelaron Aura Mazda, iniciando más tarde una peregrinación, y predicando la perfección por los pensamientos, palabra y obra, juzgándose las acciones tras la muerte.

Tras la llegada del Cristianismo y el Islam, la religión del fuego fue perdiendo relevancia, aunque influiría fusionada con el Maniqueísmo, secta rival del Cristianismo, fundada por Mani.

Actualmente, todavía perduran seguidores de Zoroastro y su doctrina, los parsis, que continúan en algunas zonas de la India con las antiguas tradiciones de los Maestros del Asia Central.

J. C.

Fuente: Círculo de Investigación de la Antropología Gnóstica.





ZOROASTRO

Alain de Benoist

[Traducción de Santiago Rivas]



El Dios Soberano favorece al Buen Imperio, Él es sensato, Él obra por la Justicia, Él es señor sobre los dioses y los hombres. (Yasna 51).

Estas palabras fueron pronunciadas hace más de veinticinco siglos por Spitâma Zaratustra, el reformador de la antigua religión irania, aquel que en Europa fue conocido con el nombre de Zoroastro.

A mediados del tercer milenio antes de nuestra era, los pueblos indoeuropeos, desde un hogar primigenio situado entre el Báltico y el mar de Aral, comienzan a emigrar y a moverse lentamente hacia el Este, hacia el Oeste y hacia el Sur. Pocos siglos más tarde, la rama "oriental" se subdivide en numerosos grupos, unos atraviesan el Cáucaso y se instalan en Anatolia y el Azerbaiján, fundando el Imperio Hitita y los reinos "kums" de Mesopotamia, antepasados de los actuales kurdos; otros, rodeando el macizo del Himalaya a través del Punjab y Cachemira, se dirigen a colonizar el subcontinente indio; otros más, a través de Bactria y el Afganistán, marchan hacia un país al que habrían de dar su nombre: el Irán, la "la Tierra Noble".

Los protopersas encuentran sobre el lugar ciertas poblaciones asiáticas, los elamitas, a quienes someten sin piedad. Organizan allí un Estado nacional basado sobre el poder de los representantes de los clanes y los linajes. Herodoto describe a los antiguos persas como hombres de gran talla, fuertes y muy orgullosos. Relata cómo los hijos de familia noble eran enviados a la corte real "para aprender a montar a caballo, disparar con el arco y decir la verdad". Jenofonte alaba la estatura y la belleza de sus mujeres. Heráclides les llama "Los más nobles entre los bárbaros".

Durante el primer milenio antes de nuestra era, el común culto de los indios y los persas será transformado muy en profundidad hasta alcanzar una nueva forma: el mazdeísmo, con Zaratustra como su profeta y propagador.

Tres franceses están en los orígenes de los conocimientos modernos sobre este personaje enigmático, que gozó de cierta voga en la Europa del siglo XVIII, pero del que no se tenía más que una idea fantasiosa: Anquetil-Duperron, quien arribó a la India en el año 1754 a la búsqueda de los textos originales del Zen Avesta; Eugène Burnouf (1801-1852), el primero en estudiar este libro bajo un método filológicamente fiable; James Demesteter, el primero en traducir, en 1892, el Avesta a una lengua europea.

Jean Varenne, profesor de sánscrito en la universidad de Aix-en-Provence, autor de una gramática del sánscrito y de numerosas traducciones de los Vedas, los Upanishads y los Brahmanas, ha publicado también una obra titulada Zarathoustra et la traditión mazdéenne (París, 1965). En su ensayo sobre Zoroastro, retoma el problema sobre un ángulo diferente. El nombre de Zoroastro (Zaratustra) pertenece a un dialecto del noreste iránico. El personaje fue posiblemente originario de la región que se extiende entre la Sogdiana y el Esistán y no, como quería la tradición sasánida, del Irán occidental, es decir de la meseta de Teherán. Muy posiblemente, Zaratustra naciera en el valle del Oxus, en el actual Turkestán.

Los datos y las fechas son inciertos e inseguros. La tradición sitúa la vida de Zoroastro en las vísperas de la fundación del Imperio Persa por Ciro el Grande (-546), pero el arcaísmo de los Ghâtâs nos inclina a situar al personaje en los albores del primer milenio antes de nuestra era.

Zaratustra no era un hombre del pueblo, sino un miembro de la casta gobernante, con toda seguridad de familia guerrera. Su "prenombre", Spitâma, quiere decir "el que brilla cuando ataca". De cualquier modo, desde joven se sintió inclinado por la carrera sacerdotal. Su predicación misionera comenzó a los 36 años. Cuatro años más tarde, es recibido por el soberano de Balkh, Vishtâpa, a quien la tradición nombra como padre de Ciro el Grande, pero los exegetas e historiadores dudan si tal paternidad hay que entenderla en sentido material o simbólico, una "paternidad espiritual". Zaratustra se convierte en el capellán del rey y toda la corte se convierte. El nuevo culto queda así asegurado.

El reformador pasará todo el resto de su vida junto a Vishtâpa, hasta su muerte violenta a los 77 años de edad (asesinado, quiera la tradición, por los nómadas turanios), después de haber tenido varias esposas y numerosos hijos.

Lo que sabemos de la religión iránica antes de Zoroastro nos viene de Herodoto. Esta religión era muy semejante a la de los indios védicos, pues no en vano ambos pueblos cohabitaron durante largo tiempo en el Asia central, antes de su separación. "Detrás de una comunidad de lengua –precisa Jean Varenne–, suele manifestarse una comunidad de civilización y de ideología". Entre los unos y entre los otros se descubren los mismos dioses (deva en sánscrito, daeva en persa): Indra, Mitra, Varuna, etc. La sociedad de los dioses está divida en dos clanes: los Asuras, o "fuerzas de la vida", y los Devas, etimológicamente "entes de luz". Estos clanes se remontan al periodo indoeuropeo común y corresponden, entre los germanos, a la distinción entre los dioses Vanes y los dioses Ases. Pero su "destino" es diferente. Mientras en la mitología germánica los dos clanes, al término de una "guerra de fundación", se asocian para formar una sociedad armoniosa dirigida por los Ases, entre los "ariyas" (nobles) el conflicto asume otra situación teológica. En la India, los Devas devienen los únicos dioses verdaderos, y los Asuras son calificados de demonios. En Irán sucede exactamente a la inversa: Zoroastro es el campeón de los Asuras ("Ajuras", en antiguo persa), mientras los Devas pasan a ocupar el rol de fuerzas del mal (en persa, la palabra daeva terminará por identificar a los demonios).

La acción operada por Zoroastro obedece a motivos que permanecen oscuros. Cierta tradición sugiere una antigua rivalidad entre indios y persas, con el actual Afganistán como telón de fondo. Pero no tenemos la menor prueba.



Los "arcángeles" mazdeos


La religión mazdea reposa sobre un antagonismo fundamental entre dos principios que el Zen Avesta (los textos mazdeos) nos muestra en guerra perpetua. El uno es responsable de todo aquello que es bello, puro, luminoso y vivo; el otro de todo lo malvado, maculado, mortal y tenebroso.

El dios supremo, Ariya Ajura Masda ("El Señor Creador de la Vida"), está asistido por siete entidades abstractas o "Espíritus Benefactores" (Amesha Spentas) que forman la "Gran Héptada", es decir los aspectos de la Divinidad dignos de ser adorados. El primero de estos "arcángeles" (término propuesto por Georges Dumezil en su estudio sobre el mazdeísmo), Spenta Mainyu ("Espíritu Santo"), hijo primogénito de Ajura Masda, tienen un hermano gemelo, Angra Mainyu ("Espíritu del Mal"), quien, después del origen del mundo, lucha por pervertir la creación. Al principio del ciclo cósmico, los hermanos Mainyu eran "neutrales", pero hubieron de elegir entre la justicia y el engaño, pronunciándose cada uno en un sentido diferente. Angra Mainyu (conocido en Europa como "Arimán") no deja en cierto modo de evocar a Lucifer, otro ángel luminoso caído ("Lux-Fero": "Yo Porto la Luz").

Los seis restantes arcángeles son siempre enumerados en un orden constante: 1. Ariya Arta (Orden Noble); 2. Voju Manah (Pensamiento Correcto); 3. Kshatra (Potencia); 4. Sarvatât (Santidad); 5. Amritât (No-Muerte, Inmortalidad); 6. Armaiti (Piedad). Durante largo tiempo, los eruditos se han interrogado sobre el sentido y el rol exacto de estas entidades. Georges Dumezil, en 1945, pudo demostrar por medio de un análisis minucioso que los dos primeros arcángeles corresponden a los aspectos de la primera función de la sociedad indoeuropea (la ordenación del mundo y la soberanía jurídica); el tercero, Kshatra (compárese con la casta guerrera indoaria, los Ksatryas), corresponde a la segunda función (guerrera); Sarvatât y Amritât a la tercera función (fecundidad y longevidad), simbolizada entre los indios por los gemelos Nasatya, guardianes del licor de la vida y la santidad, el Amrita (la Ambrosía de los griegos). En cuanto a la última entidad, Armaiti, la única femenina, representa una divinidad que asume la "síntesis" de las tres funciones, la equivalente de la india Sarasvati o la Atenea de los griegos.

El mazdeismo presenta pues una naturaleza mucho más compleja de que pueda parecer al primer golpe de vista. El dualismo aparente es en realidad un monoteísmo. Ajura Masda es calificado con los epítetos de "El Único" y "El Supremo", y su victoria final está asegurada. No hay, en la religión de Zaratustra, un "dios del bien" y un "dios del mal", ambos de igual poder y potencia, sino una emanación (un "hijo") de Ajura Masda en lucha con otra emanación que se ha torcido hacia el mal. "La doctrina del reformador iranio –indica Jean Varenne– es menos dualista que el cristianismo, en donde es Dios mismo, en la persona de su hijo unigénito, quien se enfrenta a Satán". El mal no se identifica con el "valle de lágrimas" que sería la tierra, mientras que el bien se reserva al "reino de los cielos". Al contrario, si el mazdeísmo opone la luz a las tinieblas, es para situar la primera en el mundo y las segundas en el más allá.

Por otra parte, la identificación de los "arcángeles" con supervivencias simbólicas de las tres funciones sociales muestra que el "cielo" zoroástrico es un espacio inquieto. Ajura Masda no difiere sustancialmente del dios supremo de los indoeuropeos, Deiwos Pitar: Júpiter entre los latinos, Zeus-Patr entre los griegos, Diyuh-Pita (por "mal nombre" Varuna) entre los primeros indios védicos. Conclusión de Jean Varenne: "Zoroastro es un revolucionario conservador, o un conservador revolucionario".



El fuego mediador entre los hombres y los dioses


Zoroastro no expuso sistemáticamente su pensamiento ni su visión del mundo. Los documentos escritos que poseemos forman un conjunto de himnos religiosos de los que no tenemos la certeza que él sea el autor verdadero: los Gâthâs. Estos también nos ofrecen indicaciones precisas sobre las costumbres, la organización social, la moral y la ética de los antiguos persas.

Su tono no carece de agresividad. El autor usa en todo instante un lenguaje y un vocabulario "militar", muy similar al Rig-Veda indio. Se insiste en la justicia antes que en el perdón. La Buena Religión, nos dice, debe ser extendida por todos los medios incluídas las armas: corresponde al poder temporal establecer, por medio de la fuerza, el Buen Orden del mundo.

Zoroastro condena todas las formas de renuncia: el ayuno, la castidad, etc. Sus tres mandamientos son: "Pensamiento Correcto, Palabras Correctas, Acción Correcta". Antes que un código moral, es una vía de la rectitud conforme al coraje y al sentido del honor. Siguiendo esta vía, el hombre aumenta el poder del bien y disminuye el del mal.

Después de la muerte, el hombre será juzgado conforme a sus actos. Su alma habrá de atravesar el "Puente del Terror" (Chin-Vat), más delgado que el filo de una espada. Si ha luchado por el bien, atravesará el pasaje sin dificultades. En el caso contrario, el ángel de la muerte, que camina por detrás, le azuzará con su látigo hasta precipitarla en un abismo infernal, donde será consumida. El alma no es inmortal de por sí. Al contrario, la vida eterna debe ser conquistada y ganada con esfuerzo.

La liturgia no es un aspecto accesorio, sino que adquiere una importancia fundamental. El fuego sagrado (Atar) es el mediador entre los hombres y los dioses: vehicula las oraciones y conduce el humo de los sacrificios preparados para los ancestros (hotar en sánscrito, zaotar en persa). Zoroastro no hace sino retomar una práctica anterior. En el antiguo paganismo persa el fuego tenía rango de divinidad. Zoroastro le despoja de su carácter divino, pero le reserva una posición central como representación simbólica de Ajura Masda.

En fin, el mazdeísmo es un culto comunitario y "nacional". Todo recurso al proselitismo misionero está excluido. Los matrimonios mixtos quedan proscritos, y Zoroastro propone las uniones consanguíneas.

La influencia del mazdeísmo sobre las religiones posteriores (el cristianismo y, sobre todo, el islam) es más que probable. Basta recordar a los "magi" (sacerdotes) persas que, según Mateo (II, 1-12), se acercaron a Belén para ofrecer presentes al Cristo naciente.

Los aqueménidas (desde Ciro el Grande, en –559, hasta Darío III, en –330) no fueron todos ellos zoroastrianos. En revancha , bajo la dinastía sasánida, a partir del año 226 de nuestra era, la religión reformada se convirtió en culto de Estado. Los Gâthâs, junto a sus numerosos comentarios, fueron traducidos al pelvhi y al parto, al tiempo que la creencia se fija en una rígida ortodoxia. Su influencia en las corrientes orientales se hace sentir. En el año 668 la Persia mazdeísta se rinde ante la invasión musulmana. Las familias nobles son perseguidas, muchas se refugian en la India, donde formaron la comunidad de los parsis. Únicamente la secta de los ghebras continúa sobreviviendo en el Irán, en medio de continuas persecuciones.

Hoy en día, los parsis ("persas") o zoroastrianos modernos habitan en la región de Bombay. Descendientes de familias expulsadas por los árabes que arribaron a la india en el 716 o, más simplemente, de las factorías iraníes ya establecidas en India, llevaron consigo en fuego sagrado, al que veneran como el símbolo de la Luz que brilla en el corazón del hombre. Creyentes en la "inmortalidad selectiva" del alma, rechazan la doctrina de la reencarnación. Se dividen en dos sectas: los sajansajasis y los kadmis. Su culto está fuertemente influenciado por el hinduismo. El sacerdocio, que es hereditario, se divide en tres grados de iniciación. En el siglo XIX, bajo la dominación británica, un movimiento de "Retorno a los Gâthâs" provocó un verdadero renacimiento cultural y político. En 1941 los parsis fueron censados en unos 115.000. Su status económico y social es muy superior a la media de los autóctonos: gran parte de los hombres de negocios de la India son parsis.

La supervivencia del mazdeísmo hasta nuestros días, la existencia de la próspera comunidad parsi, puede parecer un enigma. Según Jean Varenne, el optimismo escatológico de la religión de Zoroastro, por oposición al pesimismo metafísico del budismo, del hinduismo y del maniqueísmo, no es ajeno a todo ello.




Fuente: Alain De Benoist.



FILOSOFÍA O DOCTRINA ZOROÁSTRICA


El mazdeísmo o reforma religiosa de que acabamos de hablar, debió su origen, o al menos su nombre y consolidación, al Zoroastro de los griegos, que es el Zarathustra de los persas y de los Naçkas. Casi todos los historiadores convienen en que este célebre legislador religioso nació y vivió en la Bactriana; pero no sucede lo mismo cuando se trata de fijar su carácter social y la época de su nacimiento; pues mientras algunos suponen que no tuvo representación alguna política, considerándole como un simple reformador religioso, otros añaden a este último carácter el de jefe y hasta rey de la Bactriana, haciendo de él una [69] especie de Moisés de la raza iránica; no faltando quien dice que pereció de muerte violenta en una invasión de las tribus touránicas, enemigas del mazdeísmo.

No es menor la discordancia de opiniones en orden a la época en que floreció. Remotísima es la antigüedad que le atribuye San Justino, quien habla de sus guerras con Nino. Eusebio de Cesárea y San Agustín le suponen contemporáneo de Abraham. Según Aristóteles, Hermipo, Plutarco y algunos otros, floreció cinco mil años antes de la guerra de Troya. La opinión más probable, y la que siguen Burnouf, Spiegel, Oppert con otros críticos modernos de los más acreditados, es que Zoroastro vivió dos mil quinientos años antes de Jesucristo, con corta diferencia.

Ya queda indicado que el punto culminante y capital de la doctrina de Zoroastro es la negación del panteísmo brahmánico. El Ormuzd del legislador bactriano tiene bastante analogía con el Jehovah de los hebreos, a juzgar por varios pasajes de los Naçkas o libros canónicos del mazdeísmo que conocemos, en los cuales Ahoura-Mazda (el Ormuzd de los griegos y latinos) es apellidado luminoso, resplandeciente, eminente en grandeza y en bondad, perfectísimo y muy poderoso e inteligentísimo, y sobre todo es denominado espíritu santísimo, creador de los mundos existentes. Así es que la doctrina zoroástrica acerca del origen de las cosas es la que más se acerca a la creación del Génesis mosaico.

Otra de las analogías y, pudiéramos decir, reminiscencias que presenta el mazdeísmo con respecto a la revelación primitiva consignada en el Pentateuco mosaico, es la afirmación de la caída originaria del [70] hombre. En el Boundehesch, uno de los libros o fragmentos canónico-religiosos del mazdeísmo, después de narrar la tentación y caída del primer hombre y la primera mujer, en términos bastante parecidos en el fondo a la narración de Moisés, se dice: «El Dev (el genio o espíritu malo) que habla la mentira, hecho ya más atrevido, se presentó por segunda vez, y les trajo frutos que comieron, y por esto, de cien ventajas que antes tenían, sólo les quedó una».

En un cántico o himno, considerado por los orientalistas como uno de los fragmentos más auténticos de Zoroastro, las ideas principales de éste se hallan resumidas en los siguientes términos: «Hay o existen dos Genios, que son el bueno y el malo, los cuales son igualmente libres, y reinan sobre el pensamiento, la palabra y la acción. Es preciso elegir entre los dos: elegid, pues, al Genio bueno. Por medio, y a causa de su oposición, estos dos Genios producen todas las acciones humanas; el ser y el no ser, el primero y el último, son los efectos que corresponden a estos dos Genios o Dioses.

»Los hombres mentirosos serán desgraciados; los verídicos serán salvos. Escoged: siguiendo al Genio mentiroso y malo, os preparáis una suerte infeliz: los que siguen el partido y la dirección de Ahoura-Mazda, el Dios santo y verdadero, deben honrarle por medio de la verdad y de acciones santas...

»¡Oh, Mazda! Cuando la virtud es desgraciada en la tierra, tú eres el que acudes a su socorro; tú das al hombre piadoso el impero de la tierra, y tú castigas al hombre sus palabras cuya promesa es mentira. Procuremos merecer esa vida feliz por medio de continuos [71] esfuerzos. Practicad las máximas salidas de la boca misma de Mazda (el Dios bueno, creador y omnisciente), máximas que son mortales para los mentirosos, pero favorables al hombre sincero: en estas máximas debéis buscar vuestra salvación».

El mazdeísmo hacía consistir la moral en la pureza del pensamiento, de la palabra y de las obras; admitía la existencia de penas y recompensas en la vida futura, y rechazaba la idolatría y el antropomorfismo. Así es que, según el testimonio de Herodoto, no tenían templos, ni altares, ni estatuas de los dioses. El culto que daban al fuego era sólo un culto simbólico, dirigido a Ormuzd como dios del bien y de la luz, o sea como dios verdadero y único; pues es cosa sabida que Ahriman no posee todos los atributos de la divinidad propiamente dicha, puesto que le falta la eternidad.

Todo esto, sin embargo, debe entenderse del mazdeísmo propiamente zoroástrico o primitivo, según dejamos indicado ya; porque, andando el tiempo, y después de las guerras entre medos y persas, y, sobre todo, merced al contacto con las tribus asirio-caldeas, el mazdeísmo sufrió grandes alteraciones en la parte filosófica o especulativa, y más todavía en la parte práctica, por medio del magismo y del culto de las divinidades asirias y caldeas.

La dificultad de comprender y explicar el origen y la existencia del mal, fue lo que arrastró a Zoroastro a abandonar sus tendencias y, como si dijéramos, sus sugestiones monoteístas, que aparecen claramente en sus libros y en sus concepciones, para abrazar el dualismo, error fundamental de su doctrina. Al lado de Ormuzd, principio del bien, aparece como [72] independiente, y enfrente del dios bueno, Ahriman, principio y causa del mal. La lucha entablada entre estos dos seres representa y causa las vicisitudes de los seres y el movimiento de la historia, hasta que en el fin de los tiempos el dios del mal sea vencido y anulado por el dios bueno y eterno.

Así y todo, y tomada en conjunto la concepción zoroástrica, bien puede ser considerada como una de las más nobles y perfectas que produjo la razón humana abandonada a sus propias fuerzas, o, al menos, sin el auxilio de la revelación divina conservada en toda su pureza; porque en el mazdeísmo se descubren vestigios evidentes, aunque obscuros, de esa misma revelación divina. Las siguientes palabras de Lenormant contienen, en nuestro sentir y en resumen, la crítica general más exacta del mazdeísmo zoroástrico o primitivo. «La doctrina de Zoroastro es, sin contradicción, el esfuerzo más poderoso del espíritu humano hacia el espiritualismo y la verdad metafísica, sobre el cual se ha ensayado fundar una religión, prescindiendo de toda revelación y por las fuerzas solas de la razón natural: es la doctrina más pura, más noble y más próxima a la verdad entre todas las del Asia y de todo el mundo antiguo, excepción hecha de la de los hebreos, basada en la palabra divina. Es la reacción de los más nobles instintos de la raza jafética, raza espiritualista y filosófica por excelencia entre los descendientes de Noé, contra el panteísmo naturalista y el politeísmo, su consecuencia inevitable, que se habían introducido paulatinamente en las creencias de los Aryas, adulterando los recuerdos de la revelación primitiva. En su indignación contra el politeísmo y la idolatría, Zoroastro [73] transporta por un procedimiento semejante al de los Profetas de Israel y Padres de la Iglesia, los nombres de los personajes divinos de la religión védica a los malos espíritus. Los dioses de esta religión, Devas, se convierten en demonios; dos de los más importantes, Indra y Siva, son transformados en ministros del principio del mal. Zoroastro en su doctrina religiosa tiende al monoteísmo puro; se eleva con poderoso vuelo hacia este dogma de la verdad eterna; pero apelando a las fuerzas solas de su razón, privado del auxilio sobrenatural de la revelación, Zoroastro tropieza con el formidable problema del origen del mal: este es el escollo que detiene su vuelo; incapaz de salvarlo, cae en la concepción funesta del dualismo».

La doctrina zoroástrica, en efecto, considerada en su pureza primitiva y con anterioridad a su amalgama con el magismo y con las teorías y prácticas asirias y caldeas, responde a la elevación y profundidad de ideas, y, sobre todo, a la tendencia espiritualista que caracteriza y distingue a la raza arya. En el fondo de la concepción zoroástrica dominan y sobrenadan, por decirlos así, la conciencia moral y la razón, la idea de lo verdadero y de lo bueno, la tendencia ético-espiritualista y la especulación metafísica. Es probable que esta elevación y pureza de la doctrina zoroástrica fueron debidas en parte a la revelación primitiva, o sea a una reacción y restauración de la misma; pero no por eso debemos rechazar ni negar la parte legítima de influencia que corresponde a la fuerza nativa del genio de los aryos.

Por lo demás, la obra de Zoroastro, como todas las obras humanas, adoleció de graves defectos, [74] principalmente desde el punto de vista religioso. Además de su monstruosa concepción de los dos principios, o sea del dios-principio del mal, Zoroastro, o no supo, o no se atrevió a romper con el politeísmo naturalista de sus conciudadanos, contentándose con modificar y moderar sus prácticas y supersticiones populares. Así es que, andando el tiempo, la religión de Zoroastro, relativamente pura y elevada en su origen, degeneró fácilmente hasta quedar reducida al culto del fuego y a las fórmulas de la magia.



Fuente: Zeferino González.