sábado, 21 de junio de 2008

EL RAYO (GUIÓN PARA CORTO EN BARCO NOCTURNO) POR CARLOS MARCO



El Rayo (Guión para corto en barco nocturno)





I

Noche cerrada en alta mar. Las olas. La luna llena que va inundando la imagen con su blancura. Se escucha una voz en off:

"Este mundo se nos da como un enigma a resolver. Toda mi vida, mis actos y mis pensamientos -los momentos extraños y desordenados- los
he dedicado a resolver el enigma..."

Una luz muy blanca inunda los rostros de Z e Y, como si estas imágenes pertenecieran a un pasado remoto, quizás inexistente. Aparecen muy felices, bebiendo y disfrutando.
Aparece Y, lanzando pétalos de flores por la borda. Mientras esto ocurre se escucha el resto del mensaje en off:

"...A veces creí acercarme lo suficiente, pero entonces todo se embutía en una penumbra ardiente -algo privado de sentido- . Un vicio absurdo: La fuerza de voluntad entregada a hacerlo todo mal. El error del que es presa el hombre me parecía trivial, solo algo que molesta e irrita... Para mí solo quedaba el tiempo solapado. Una pesadilla era mi verdad.






II

Z aparece en el camastro de su cabina, envuelto en una semioscuridad. Solo su rostro se ve brutalmente iluminado, parece dormido o muerto.






III

Un largo pasillo, enorme. Z camina por él. El pasillo se comunica con otros, parece interminable. Después: puertas cerradas, recodos, escaleras que suben y que bajan y otra vez el interminable pasillo.
Al fondo, una nueva puerta cerrada, no hay más salidas. Pocas opciones: la puerta cerrada o el pasillo otra vez. Empuja la puerta, la golpea. Al final cede y entra.






IV

Z cae de bruces en una habitación, que parece un desvencijado gimnasio. Hay un grupo de personas corpulentas (Los Hombres de Azul) formando un círculo en esa habitación; al oír el alboroto se giran hacia Z y lo sujetan y zarandean mientras gritan. Le llevan en volandas hacia otra puerta y empujándola le arrojan al interior de otra habitación donde se encuentra X.
X está sentado en una silla de ruedas y le acompaña una bella e indolente rubia, que permanece de pie junto a él sujetando una bandeja. X habla con severidad, muy seguro de su conocimiento. Invita con un gesto a Z ha acercarse a él:

X- (En voz baja e imitando a los trágicos) ¡Nadie ha de seguirte aquí a escondidas! Tu mismo pie ha borrado el camino detrás de ti, y sobre él está escrito: imposibilidad.

Z- (No habiendo entendido nada) ¿Qué?

X- (Sin perder la postura y en un tono no muy alto) ¿Tienes miedo?

Z- (Calla, no responde).

X- (Un poco más alto). No me gusta repetir las cosas, me cansa hablar. ¿Tienes miedo?.

Z- (Esquivando la pregunta). ¿De qué tendría tener miedo?.

X- (Hace un gesto para que Z se acerque). Me cansas, pareces una mula. (Cogiendo a Z por la cabeza le dice al oído:) Tendrías que tener miedo de lo que no comprendes. También tendrías que tener miedo de lo que empiezas a comprender.

Z- (Retrocede y trata de disimular su angustia). Entonces de que vale preocuparse.

X- (Mirando a la rubia a los ojos -ella le mira a él-). Porqué tu pensamiento te pide a gritos comprender. Ya ves, un vicio más.

Z- (Cansado ya de la situación). Entonces estoy perdido.

X- (Con un gesto de afirmación). Estás perdido.
Z- (Queriendo saber). ¿Dónde estamos?.

X- (Acurrucándose en la silla de ruedas). Ya lo he dicho antes: tu mismo pie ha borrado el camino detrás de ti.

Z- (Permaneciendo en pie). Y eso ¿de qué me vale?.

X- (Incorporándose levemente). A mi no me importa de que pueda valerte. La búsqueda de la verdad no es mi fuerte. Mas que la verdad, el miedo es mi vicio, lo que busco y deseo: el miedo que abre un vértigo, el que alcanza lo ilimitado del pensamiento. Eso es lo que me exalta. ¿Y hasta dónde te toleras tú?.

Z- (Ignorando la pregunta). ¿Entonces por qué estoy aquí?.

X- (Muy parco). Tú has hecho que así sea.

Z- (Rápidamente). ¿Qué he hecho yo?.

X- (Parco todavía). Deseas lo que tengo para ti.

Z- (Irritado). No quiero nada de ti, solo quiero marcharme a mi casa. Estoy cansado de todo esto. No te conozco.

X- (Con un gesto del índice hacia Z). Pues entonces pon toda la maquinaria a funcionar y deja de compadecerte.

Z- (Definitivamente harto). Dame lo que tengas para mí.

X- (Hace un gesto y en la bandeja que porta la chica rubia aparecen una carta y un paquete). Toma, no lo abras todavía, cuando estés sólo.

Z- (Toma lo que le entregan, pero aún queda una pregunta). El miedo, sí; pero ¿el miedo de qué?.

X- (Apareciendo por la espalda de Z). Evidentemente, el miedo de NADA.






V

Z de nuevo en el pasillo, ahora más oscuro y tenebroso. Comienza a caminar y, picándole la curiosidad se sienta en unas escaleras para abrir el paquete y la carta entregados por X. Cuando está a punto de abrirlos, aparece uno de los hombres de X que le golpea desdeñosamente en la cabeza y le quita la carta y el paquete, le señala con el dedo y le hace un gesto desaprobatorio; se los arroja con desdén y le dice: "¡Eso no se hace!". Y desaparece.
Z se levanta y sigue caminando, habiendo recogido el paquete y la carta. Al cabo de un rato y comprobando que nadie le sigue trata de abrir nuevamente lo entregado por X. Un segundo hombre aparece y le espeta: "¡Eso no se hace, todavía, tío!". Le empuja y le lleva hasta una puerta, le abandona.






VI

Z se encuentra en el exterior, oscuro y frío. Barandillas, puertas cerradas, escalinatas y la oscuridad le rodean. El viento arrebata a Z la carta, corre tras ella. Un hombre sujeto a una barandilla le grita: "Por allí va, por allí". Z corre, sube más escalinatas y llega a una plataforma rectangular donde se encuentra con una mujer que dirigiéndose hacia él le muestra la carta que ha recogido. Z coge la carta de manos de la mujer, mirándola con desconfianza. La mujer forcejea por unos segundos por la carta y le dice: "¿No me reconoces?". Mientras le abraza y trata de besarle. Z trata de zafarse de la mujer, le resulta en sumo grado desagradable, pero ella le sujeta con fuerza y le continua diciendo: "¿No me reconoces?. Yo a ti te conozco. ¿Dónde están aquellos rayos de sol? Yo a ti te conozco". Pero Z se zafa y huye por una puerta comunicante a un pasillo. La mujer le sigue (parece muy impresionada) y le grita: "¡Soy tu madre, aunque no lo creas, soy tu madre!". Z se detiene, vuelve sobre sus pasos, llega a la altura de la mujer y le dice:

Z- (Desafiante) Demuestra lo que dices.

Mujer- (Sin dejarse sorprender). Tú ya lo sabes, aunque no lo creas.
Aunque yo no dé el tipo, ni me hayas imaginado así.

Z- (Continúa desafiante). Nunca te he imaginado de ninguna manera, nunca he tenido madre.

Mujer- (Tratando de parecer cariñosa). Todos tenemos una madre, aunque ella esté perdida.

Z- (Continúa el desafío). ¿Por qué insistes? Y si tanto insistes ¿por qué no me lo demuestras?.

Mujer- (Muy seria). Te lo demostraré. (Y la mujer, abriendo la mano de espaldas, le muestra a Z algo que nosotros no vemos).

Mujer- (Continúa de espaldas). Ves, soy tu madre.






VII

La mujer mira por una ventana con gesto ausente, mientras Z permanece en pie junto a ella, que le dice:

Mujer- (Decididamente cariñosa pero sin dejar de mirar por la ventana). No estés decepcionado mi cielo, he sufrido mucho, todos hemos sufrido mucho... aunque hubo un tiempo mucho más feliz, como cuando conocí a tu padre ... el más bello ángel.






VIII

-La misma mujer veintitantos años antes, vestida con alegre conjunto dorado mira por una ventana con gesto ausente (en realidad el mismo sitio y la misma ventana -mismo plano-).
Una música va tomando cuerpo y cuando comienza a sonar una divertida melodía, por un largo pasillo se acerca, bailando graciosa y chulescamente un apuesto galán vestido impecablemente; sonríe maliciosamente y en sus espaldas asoman dos pequeñas alitas. Repara en la mujer y se dirige hacia ella:

Galán. (En francés). ¿Quieres que te lleve al cielo conmigo?.

Mujer-(girándose y sacada de su absorción). Perdón, ¿Cómo dice?.

Galán- (En español y pícaramente). Perdón señorita, no pude dejar de mirarla. Usted brilla. Usted es como un rayo de sol. Usted es como las burbujas del champán.

Mujer-(Sincera y divertida). No me haga reír, quizás una gaseosa. Y se lo digo esta noche, que estoy borracha. He bebido güisky, y el güisky siempre me pone sincera; no lo puedo evitar. El Margarita me pone audaz, el Tequila Sunrise me pone melancólica, el Destornillador me desatasca... pero el güisky me pone sincera, no te hagas líos, sincera.

Galán-(Siempre en español). Pues, quizás, el champán te ponga de otra manera. Normalmente a mí me pone cachondo.

Mujer-(Asintiendo). Normalmente a mí me pone cachonda.

El galán levanta la mano y chasquea dos dedos.






IX

Dos copas de champán sobre una mesa; la música de unos violines se oye con claridad. Los amantes recogen las copas, sonríen, brindan y beben.
Una cantante, de aspecto frágil y decadente, comienza a cantar la melodía, a su lado un pianista con un parche en un ojo. Los amantes aparecen bailando, giran y sé ríen. Todo sé va llenando de burbujas de champán.



Sé Que Llorará (para cantar con la música de Un Homme et une Femme)

Mi amor, sé que llorará
Sé que él llorará
Ríe, pero él llorará
Sé que él llorará
Lo que amaste lágrimas serán
Lágrimas serán
Como un cisne por última vez llorará

Perdido está
Mi amor perdido está
Perdido está
Lo que dijimos también se perderá
Oh, si sé que se perderá
Y nuestro corazón también morirá
Oh, si morirá
Porqué mi amor perdido está

Cuando tú comiences a llorar
¡voila! En estos ojos te perderás
Adiós, adiós, hasta más ver
En un reflejo el mundo miente
Y tú perdido estás

Lágrimas para ti y para mí
Lágrimas para ti y para mí
Para ti
Para mí.






X

Nuevamente Z y la mujer. Ella comienza a hablar:

Mujer -(Melancólica). Pues si hijo, ese era tu padre... un ángel o quizás un demonio. Pero no te hagas líos, a veces da igual.

Z -(Como resignado). ¿Qué quieres decir?.

Mujer -(Volviendo a mirar por la ventana). Que es mejor haber hecho que no haber hecho, y que es mejor no haber hecho que haber hecho.

Z -(Un tanto decepcionado). ¿Eso es todo lo que querías decirme?.

Mujer -(Con la vista puesta en la ventana). Hay muchas más cosas, no te hagas líos, aunque a veces parezca que no hay nada. Pero márchate ahora, que ya sé que tienes cosas que hacer...

La mujer está diciendo esto cuando aparece W por el pasillo, vociferando y gesticulando...






XI

W, muy nervioso, fumando sin parar y gritando a la mujer, a través del micrófono en su garganta (su diálogo será en todo momento subtitulado): "Tú has perdido la memoria, eh, ¡has perdido la memoria!. Eres una vieja burra, eh, que rebuzna con el contacto humano, eh, ¡el contacto humano!. Ya no sabes nada, eh. Vuelve a tu país a morir, eh, ¡a morir!". Agarra con fuerza la mano de Z y tira de él: "Vamos, vamos, eh, vamos, llegamos tarde, ya están todos allí, eh, ¡ya están todos allí!.
Z y W han abandonado a la mujer. Caminan con prisa por un nuevo pasillo (W tirando de Z) mientras se entabla una conversación:

W -(Haciendo un gesto de complicidad y chasqueando la lengua). Menos mal que he aparecido, eh, ¡menos mal!.

Z -(Con un gesto de desprecio). Sí, menos mal.W -(Deteniendo a Z). ¡Oye, eh, oye!. Que yo solo quiero echarte una mano, eh, ¡solo quiero echarte una mano!.

Z -(Cogiendo por el brazo a W). ¿Sí?. Pues dime de que va todo esto.

W -(Zafándose y tirando de Z). Esto va de un grupo de gente jugando, eh, ¡jugando!.

Z -(Indiferente). No me refiero a eso.

W -(Sin mirarle). Pues no sé a que te refieres, eh, no sé a que te refieres.

Z -(Volviendo a coger por el brazo a W). Si no sabes de que te estoy hablando no te necesito para nada, eh, ¡para nada!.

W -(Cambiando de semblante). Mira, cuando yo era pequeño oía la voz de mi madre en las mañanas, eh, ¡en las mañanas!. Y al despertar apretaba los puños tratando de agarrar lo que aún quedaba del sueño, eh, ¡lo que quedaba del sueño!.

Z -(Enfadado y zarandeando a W). ¿Pero que estás diciendo?. No me importa una mierda tu vida.

W -(Mirando desafiante a Z y gesticulando). ¿Sí?.. Pues haces muy mal, eh, ¡haces muy mal!. Toda la gente es importante, eh, y quien menos te lo esperas te puede dar una sorpresa, eh, ¡dar una sorpresa!.
(En este momento W enciende un pitillo y le da un par de caladas, después saca un pañuelo de su bolsillo y limpia el aparato en su garganta; mira el pañuelo, lo guarda y vuelve a dar una calada mientras continua diciendo)... Deberías aprender a escuchar, eh, y fijarte en lo que ves a tu alrededor y lo que te cuentan, eh, ¡lo que te cuentan!.

Z -(Volviendo a empujar a W). Pues entonces sigue, pero rápido, tu manera de hablar me agota.

W -(Maliciosamente y tratando de parecer severo). ¡Mi manera de hablar! eh, ¡mi manera de hablar!. Joder, joder, joder. Eres muy prepotente, eh, muy prepotente. Quizás aprendas algo, eh, ¡quizás aprendas algo!... Lo que acababa de soñar no me parecía, eh, menos verdadero que la vigilia a la que terminaba de despertar, eh, ¡terminaba de despertar!.

Z -(Un tanto interesado). Sigue

W -(Oyéndose su voz en una imagen en negro). "Date prisa vas a llegar tarde, ¡vas a llegar tarde!". Me decía mi madre, eh, ¡mi madre!...Y yo, eh, ¡yo! Le gritaba pidiendo responsabilidades, eh, ¡responsabilidades!. El sueño, eh, el sueño me había sumido en otra verdad, eh, ¡me había sumido en otra verdad!.
-Mientras W dice esto, en un flashback aparece él en su antigua cama, su madre le despierta: "Date prisa, vas a llegar tarde, ¡vas a llegar tarde!" Mientras W grita pidiendo responsabilidades: "¡Vieja burra! ¿Cómo me vas a recompensar? ¿Quién te ha dado permiso?" y cosas por el estilo.

Z -(Sacando a W de su trance). ¿Y entonces?.

W -(Mirando a Z). Entonces, eh, entonces yo ya había podido saber, eh, ¡podido saber! Que la fuerza del sueño siempre exigía una explicación, una continuación, eh, ¡una continuación!. Que el sueño cuando choca con la realidad, es quien prevalece, eh, ¡quien prevalece!. Y es de la realidad de quien se tiende a dudar ¡es de la realidad de quien se tiende a dudar!.






XII

Z y W aparecen delante de una puerta guardada por una bella mujer tocada con un sombrero vaquero. Hace ruido golpeando la pared con un hierro. W se adelanta y dice:

W -(Dando un paso). Aquí es, eh, aquí es.

Vaquera -(Consintiendo y en voz alta). Tú puedes pasar (Y acercándose a W, en voz baja)... Pero ¿Quién es este? ¿De qué va?.

W -(Con un gesto de complicidad). ¿Tú quien crees que es, eh, quien crees que es?.

Vaquera -(Mirando por un instante a Z). Es posible. (Acercándose a Z le dice). ¿Qué es aquello que algunos no tienen y les hace fuertes?.

Z -(Estático y sin perder la mirada de la Vaquera). ¿Qué es? Yo no lo sé.

Vaquera -(Se pega a Z. Le olisquea como un animal). Tú todavía lo tienes... y eso te hace débil.

W -(Interrumpiendo la escena). Vamos, eh, vamos, déjalo pasar, eh, déjalo pasar. ¿No ves que lo desea, eh, no ves que lo desea?.

Vaquera -(Al oído de Z). ¿Lo deseas?.

Z -(Dudando). No lo sé.


Z y W bajan por unas escalinatas. Al fondo se puede ver un grupo de gente vociferando. Están entregados por completo a un extraño juego: lanzan unos dados que carecen de puntos; el que pierde es insultado y vejado por el resto de participantes. Todos pierden, todos son insultados; pero aún así se lanzan al absurdo juego como si fuera lo único en sus vidas. W y Z se han integrado en el juego, el primero lanza los dados, pierde y es insultado. Llega el turno de Z . "¡Eh, tú, lanza los dados, prueba tu suerte!". Le gritan. Z lanza los dados y al golpear el suelo se puede ver en ellos unos puntos. Murmullo general, sorpresa, callan no comprenden; los dados en el suelo. Solo uno de ellos se levanta. "Eh, tú, vete de aquí. Aquí no tienes nada que hacer. ¡Aquí no tienes NADA que hacer!".
Z se marcha. Todos le siguen con la mirada, como si desearan no haberle conocido jamás, como si estuviera maldito. Z alcanza una puerta, después otro pasillo, otras escaleras.

El grupo sigue jugando y gritando. Uno se levanta, va hacia la cámara, grita: "No deberías acercarte a la gente, tienes una idea muy equivocada de todo esto".






XIII

Z en su camarote: sentado en el catre, fuma un pitillo, semidesnudo y cabizbajo. Parece recién salido de un sueño. Le cuesta reaccionar. A su lado, sobre el camastro, están el paquete y la carta, pero aún no ha reparado en ellos. Gira la cabeza hacia ellos y repara en su presencia. Toma la caja; nervioso rompe el paquete y abre la caja de cartón: ¡vacía! ; la arroja fuera de sí y coge furioso la carta, solo encuentra un extraño dibujo: un perro encadenado a un sol.
X en un primer plano: rompe en pedacitos un papel y los va tragando a la vez que frota su garganta.
"Basta ya de esto" Grita Z y aplasta el dibujo entre sus manos. Siente un agudo dolor y sus manos comienzan a sangrar.
Y , su amante, llega al camarote, cierra tras ella la puerta "¿Has dormido bien?". Le dice. Aún no ha reparado que Z está sangrando abundantemente y sigue desvistiéndose. Cuando se da cuenta se siente confusa y horrorizada.
Z se levanta y empuja a Y, la mira por unos instantes y la ve vieja y horrible y dice:

Z -(Su mente le comienza a jugar malas pasadas). ¡Eres horrible!.

Y -(Apareciendo ante nosotros bella y joven, pero sorprendida y asustada). ¿Pero que estás diciendo? Estás herido, déjame ayudarte.

Z -(Viéndola otra vez horrible). Tú nunca has querido ayudarme.

Y -(Aún más sorprendida, pero tratando de recuperar la compostura). Siempre he intentado hacerlo lo mejor posible. No puedes echarme en nada en cara. No eres mejor que yo... pero al menos yo te quiero.

Z no quiere seguir discutiendo y se mete en el lavabo. A solas lava sus manos con fruición (aún le duele más) y cuando desaparece la sangre aparece en una de sus manos tatuado el signo del perro encadenado al sol. Ya no le duele la mano; se la lleva a la cara, parece que va a llorar, pero no lo hace. El lavabo lleno de sangre y agua, oculta algo más. Z venda su mano. Sale del lavabo, atrás queda Y asustada y en silencio.






XIV

Z busca respuestas por los pasillos. Vuelve al lugar donde se encontrara con X pero no encuentra a nadie; vuelve al lugar del extraño juego y ni un alma.
Llega hasta un lugar que le es desconocido: un viejo y lujoso restaurante. Cansado y angustiado se ha dejado guiar por una débil música; encuentra un pequeño radiocassette, de donde sale la música, sobre una mesa y se sienta al lado. Se sienta mirando su mano vendada; la destapa y contempla el tatuaje. La música en el radiocassette cesa y comienza a sonar una grabación con una voz que a Z le resulta muy conocida; la suya:

"Introducido en este mundo nuevo en el que nadie pudo seguirme, me fastidiaba el trato con la gente y sentía un deseo invencible de desligarme de mis relaciones. He aquí que un buen día me encontré terriblemente solo. Desde el primer momento noté una extraordinaria expansión de mis más íntimos sentidos, una gran fortaleza de espíritu que luchaba por manifestarse. Me sentí lleno de una energía sin límite, y el orgullo me sugirió la loca idea de intentar hacer milagros".

De repente una aparición apaga la grabación de un manotazo "De intentar hacer milagros" sentencia, repitiendo las últimas palabras de la cinta. Z reacciona, alza la vista y dice:

Z -(Descubriendo a alguien que es igual que él, quizá su doble). ¿Quién?...

Doble -(Ordenando). Calla.

Z -(Sin salir de su sorpresa). ¿Pero quien?.

Doble -(Sin ninguna emoción). No te sorprendas. Aquí estás tú sólo. Tu sola voz y tu sola suerte. Lo que acabas de escuchar es el comienzo de tu propia historia.

Z -(Reaccionando). Yo escribo mi propia historia y voy donde quiero.

Doble -(Continua igual). Si, tienes razón. Pero ya lo hiciste, bueno ya lo hicimos.
Z -(Intrigado). ¿Qué hice?.

Doble -(Bajando la cabeza y abriendo los brazos en cruz). Elegimos vivir como queríamos y ya sabes que con el tiempo, la realidad del mundo, de la tierra, se descompone como un rayo de sol en un prisma.

Z -(Sin dejar de escuchar). ¿Qué quieres decir?.

Doble -(Sonriendo y mirando intrigantemente se frota la barbilla). Quiero decir que descubrimos cosas que nos impidieron ver nada más o al menos nos las hicieron ver de una manera extraña, diferente... Nuestros vicios se hicieron más fuertes cuando estuvimos solos.

Z -(Queriendo saber más). Eres muy enigmático.

W -(Enciende un pitillo, da una calada). ¿Qué quieres? Tú te volviste enigmático. Sé tanto como tú puedas saber ¿Qué te puedo decir? Sigue escuchando si quieres.

El doble adelanta un buen trozo de cinta y en un momento dado la hace funcionar otra vez; se escucha: "¡La caída se ha consumado! Siento pesar sobre mí la hostilidad de las potencias, la mano del invisible se ha levantado y un alud de golpes aturde mi cabeza".
Z hace parar la grabación, no quiere escuchar más. Levanta la cabeza, busca; la aparición no está. Rebobina la cinta, quiere escuchar. Pero al ponerla en marcha no se escucha nada. Se levanta y se va, cuando sale por la puerta suena la misma melodía del principio.






XV

Z de regreso en el camarote. Y le aguarda, se levante y va hacia él. Z no puede mirarla. La ama pero le mataría verla horrible, así que trata de zafarse y se cubre los ojos con las manos. Y se acerca y le abraza. Z descubre su rostro pero sus ojos permanecen cerrados. Y limpia su rostro con una toalla. Z le muestra la mano tatuada y ella la besa, le besa las manos; le besa la cara; le quita la camisa; le besa el pecho ... ella se quita la camisa.
Y reclinada sobre Z, alza la cabeza; jadea; mira a la cámara; sus ojos están llorosos y el rímel corrido. Z bajo ella, no se mueve, no dice nada; solo los ojos abiertos.
Y vuelve a levantar la cabeza (ahora no se ve a Z). Se ríe, jadeante y enojada y dice: "Duerme mi bien, duerme. El que no duerme no puede vivir, pero ten cuidado y no duermas demasiado, no sea que no puedas despertar". Después vuelve a bajar la cabeza.
Z permanece callado con los ojos muy abiertos, los brazos levantados y las palmas de las manos abiertas, limpias de tatuajes.
Y vuelve a levantar la cabeza y mirando a la cámara canturrea con los ojos cerrados: "El sol se ríe, el sol se ríe. Adiós, adiós, no llores más. El mundo partía y todo moría. Adiós, adiós, no llores más; un ángel te llevará. Adiós, adiós, no llores más". Silencio, una pausa. Los ojos cerrados ... se abren, gesto serio: "Adiós, adiós ... no llores más".






XVI

En el camarote Y yace tendida en el suelo, parece muerta. Z erguido, inmóvil. La mano sangrando otra vez. Se agacha, acaricia a su mujer. Se marcha, huye.
La mano le quema, le abrasa, le duele; busca y se topa con un lavabo; lava sus manos y aparece un nuevo tatuaje: el perro se come al sol.






XVII

Z vaga por los pasillos. Cansado y hundido, como si llevara una eternidad errando por los corredores, como en una maldición. Habla solo, gesticula y cualquier pequeña cosa que encuentra le llama la atención, parece que definitivamente ha perdido la razón.
Escucha una música y como si comenzara a salir de su letargo, empieza a seguirla. La música le guía hasta una pesada puerta tras la cual ésta suena con mucha más fuerza. Z abre la puerta con mucha dificultad. Tras ella encuentra una fiesta en su momento más álgido. Las caras se agolpan contra Z. Todo parece divertido, la gente ríe a carcajadas y hacen chistes, pero a Z le parece terrible. Avanza entre la gente y los insultos, hasta que de entre la marabunta de rostros descubre uno familiar: el rostro de Y, quien ríe y parece joven y radiante como siempre, acompañada de un apuesto amante. Z llega a su altura, Y no le reconoce y se burla de él y desprecia. El apuesto amante que acompaña a Y se burla de él: "Piltrafilla ¡Abrete, desaparece!". Ordena, y le golpea. Z cae al suelo. Unos cuantos borrachos más se unen y le golpean salvajemente. Se burlan todos de él y le escupen y se marchan contentos.
Z completamente sólo se arrastra hasta un rincón y se acurruca allí. Mira su mano con el tatuaje: el perro aparece muerto.






XVIII

Z muy tieso en una silla. La misma gente le rodea, sonríen y beben; hablan entre ellos y algunos bailan mientras escuchan una alegre canción.
Una bella e indolente rubia se le acerca le coge la cara y le dice: "¡No le molestéis, que siga la música, seguid bebiendo y comiendo!. ¡El no lo sabe, que nadie se lo diga!".
Después de dicho esto solo se ve una mesa. Sobre ella los restos del festín junto a una caja, antes vacía y que ahora contiene un corazón.








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